Haxel Rubén Murillo
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¡Qué alegría sentimos con el triunfo histórico de Nicaragua contra Jamaica! Aún los incrédulos --me incluyo en esa lista-- que pensábamos ver una goleada en contra, saboreamos esa victoria cómo el manjar más exquisito que nuestros ojos vieron en una demostración de gallardía de la Selección Nacional.

Nicaragua tiene una mínima ventaja de un gol (2-3) en el marcador. Y en esa pequeña diferencia es que nuestras esperanzas están vivas de eliminar al subcampeón de la Copa de Oro y avanzar a la fase de grupos para encontrarnos con Costa Rica, Panamá, y Haití, un acontecimiento inimaginable en nuestro futbol.

Este martes, Nicaragua jugará el partido más importante en su historia. ¿Qué puede pasar? Quizás ni Nostradamus se atrevería a vaticinarlo; lo único cierto es que mañana nuevamente Nicaragua saltará al terreno como el equipo víctima. No nos engañemos, el triunfo en Kingston fortaleció la fe, revitalizó el autoestima, mejoró el aspecto mental, pero no cambió los pronósticos.

Nicaragua ganó un partido memorable, pero hasta allí, la eliminatoria sigue viva y Jamaica tiene toda la capacidad para revertir las cosas si marca dos goles. Mañana esos 11 soldados nicas tendrán que dejarse el alma, corazón y la piel para hacer historia y convertirse en leyendas.

 

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