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Aquí en el Estadio Nacional de Futbol en Managua no hay espacio para un alfiler. Cada espacio, cada rincón es tan diminuto para una multitud de nicaragüenses congregados en este coloso por una sola razón; rugir a una sola voz, ondear la bandera azul y blanco, y desbordar su pasión de forma frenética por la Selección Nacional de Futbol que enfrentó anoche a Jamaica.

No fue una noche más en la que dos clubes se enfrentaban por demostrar su supremacía como ha sucedido en los últimos meses con el Walter Ferretti y el Real Estelí. Ayer se vivió una fiesta monumental de patriotismo; resucitó el amor por el futbol en nuestro país. El júbilo, la algarabía y el bullicio sonaron como eco resonante. Nicaragua fue una sola voz unida por el deporte más hermoso del mundo, diría el reconocido narrador y comentarista Luis Omar Tapia.

Desborde en las calles

Desde las 3:30 de la tarde se vivía una locura por las calles aledañas al Estadio Nacional ubicado en las cercanías de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN). En las calles se veía a niños y niñas, jóvenes, adultos y mujeres, vestidos con sus camisetas azul y blanco, caminando hacia el santuario como peregrinos en procesión. El tráfico vehicular se convirtió en un caos, pero que importa, este martes fue un día sagrado para el futbol pinolero, simplemente se vivió una noche mágica, adornada por los cánticos del “Soy puro pinolero nicaragüense por gracia de Dios”. ¡Uff cómo se nos pusieron los pelos de punta!

El sonido ensordecedor de los pitos era incesante, los vendedores alzaban su voz para ofrecer camisetas y obtener ganancias. Otros mostraban sus dotes de artista pintando los rostros con la bandera nacional, nadie quiso desaprovechar este día, el pan para los menos privilegiados llegó a casa multiplicado diez veces más que un día común.

A las 7:00 de la noche todo el estadio estaba pintado en azul y blanco. Media hora después sonaron los notas sagradas de nuestro Himno Nacional y como una sinfonía celestial se escucharon las voces de esos miles de aficionados que se dejaron la piel, el alma y el corazón, apoyando a 11 guerreros que, independientemente del resultado, nos hincharon el corazón de orgullo, desde el día que consiguieron esa victoria histórica  2-3 en Kingston.

Cayó el primer gol de Jamaica en apenas 13 minutos. Un silencio funestó invadió el coloso, los gritos no se oyeron por unos minutos, porque minutos después siguieron brincando y saltando. Lo peor vino en el minuto 89 cuando nos anotaron el segundo gol de la muerta, esa estocada mortal sacó las lágrimas de muchos aficionados que acompañaron a los futbolistas en el llanto, pero que al final terminaron diciéndoles: ¡Gracias por revivir al futbol!

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