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Novak Djokovic ante Marin Cilic, y Serena Williams contra Roberta Vinci, las semifinales de los respectivos cuadros masculino y femenino de este jueves en el Abierto de Estados Unidos de tenis, son sagas conocidas de una película con el mismo final: el bueno siempre gana.

El serbio y número uno mundial Djokovic le ha ganado al croata Cilic los 13 partidos que han jugado, los últimos dos este año en cuartos de final de Wimbledon y el Másters 1000 de Monte Carlo.

El “Nole” ha ganado 9 de esos partidos en superficies rápidas como las canchas neoyorquinas de Flushing Meadows, y uno de ellos en tercera ronda del US Open de 2008, cuando el serbio llegó a semifinales.

“A Marin lo conozco mucho, somos amigos. Jugamos un montón de veces. Seguramente aquí tenga un plus de confianza por lo que hizo el año pasado”, dijo Djokovic, en referencia al título que se llevó el croata, contra todos los pronósticos, en el US Open de 2014.

“Voy a tratar de usar esa experiencia de los partidos entre ambos a mi favor, pero no será fácil. Él lleva 12 victorias seguidas, cinco aquí, dos de ellas en partidos muy exigentes de cinco sets. Sin dudas va a salir a atacarme”, aclaró Djokovic.

El serbio sabe lo que habla. Por estadísticas, Cilic está jugando el tenis más agresivo entre los ocho hombres que se clasificaron a cuartos de final.

El croata, número 9 del mundo, encabeza el departamento de aces colocados con 111 y posee el servicio más veloz del torneo, un cohete de 235.5 km/h que soltó en la primera ronda contra el argentino Guido Pella.

Su primer servicio es el segundo más eficiente del certamen (82%), solo detrás de otro “bombardero”, el sudafricano Kevin Anderson (83%). También es el jugador que más tiros ganadores tiene en todo el torneo (253), lo que muestra su “instinto asesino” para buscar puntos rápidos.

No es casualidad que haya llegado a esta fase de semifinales, ni que Dojokic esté preocupado. Sobre todo, tomando en cuenta las frecuentes lagunas mentales del serbio en este torneo, cediendo ventajas que le han costado sets.

Serena va tranquila ante Vinci

Al parecer, la mayor preocupación de Serena Williams antes de llegar a la final, era su hermana Venus. No tanto por el asunto del tenis como lo que implica un partido entre ambas en lo sentimental, y a veces en la suspicacia de la gente.

Acusadas en una oportunidad de arreglarse entre ellas para ceder avances en los torneos, las Williams despejaron todas las dudas en su partido del martes.

Fue un duelo intenso en el que se impuso el mejor tenis y el ránking de Serena, pero necesitó de tres sets para salir de su hermana mayor, una exnúmero uno mundial y dos veces campeona del US Open.

Pero que en los últimos años se ha visto disminuida por lesiones y la enfermedad que carga de por vida: el Síndrome de Sjogren, padecimiento que daña el nivel de energía, causa fatiga y dolor en las articulaciones.

Serena también llega a esta fase con el tenis más poderoso y, por lo que se ha visto en las otras cuatro finalistas, no se ve a nadie con peligro real para amenazar su reinado de los últimos tres años en Nueva York.

La estadounidense busca completar el Gran Slam en un mismo año calendario, y su 22º título grande, y Vinci es una piedra en el camino, que debe despejar, pero sin confiarse demasiado.

El balance está 4-0 a favor de Serena, sin perder un set, y la más reciente en cuartos de final del torneo Premier de Toronto (6-4, 6-3).

“No tengo absolutamente nada que perder, nunca pensé llegar a las semifinales del US Open”, admitió la italiana de 32 años, número 43 del mundo.

El desenfado, la experiencia y su carácter guerrero, hacen de Vinci una rival peligrosa para Serena Williams.

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