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Hay varios momentos en que los resortes del interés popular han saltado bruscamente alrededor de nuestro futbol, pero ninguno como este que estamos viviendo producto de la incidencia conseguida por el factor Duarte, un técnico, que como lo hizo Tony Castaño con aquel beisbol admirable e inolvidable de los años 70, está sacándole el máximo provecho a una generación de jugadores no necesariamente irrepetibles, elevándolos por encima de los límites probables del rendimiento que podían ofrecer, produciendo resultados alentadores que iluminan el futuro.

¿Cómo olvidar aquel formidable Santa Cecilia de los años sesenta, el equipo casero que más me ha impresionado y que era capaz, en cualquier cancha de Centroamérica, aún sin conseguir la notoriedad y el merecido reconocimiento que hoy tienen Estelí y Ferretti, de dejar constancia de un juego muy bien elaborado? Entre sus adiestradores estuvo el uruguayo Kellman.

Berrini y Batistini

Sin contar con un hombre tan talentoso y bien cultivado como Duarte está demostrando serlo, la selección que derrotó a Estudiantes de la Plata, en 1966, hizo historia triunfando 2-1 en un juego amistoso. Su manejador, el argentino Santiago Berrini, era un entrenador improvisado. Después, la selección dejó una buena impresión fajándose en aquel Norceca realizado en Honduras en el cierre de los años 60, con Rudy Sobalvarro fallando increíblemente un penal sobre el silbato final, precisamente contra el equipo local. 

Y está el equipo nacional de Mauricio Batistini en el Torneo de la Uncaf 2003, sorprendiendo al batallar bravamente con Costa Rica durante esa derrota 1-0, pese a quedar con un hombre menos, retando por un tiempo a Honduras antes de caer 2-0 y superando a Panamá en su casa 1-0, después de deshilacharse contra Guatemala. Una actuación que nos entusiasmó. Steve Sampson, el técnico de Costa Rica, advirtió: ¡Ojo con Nicaragua en el futuro!

No fue Batistini un técnico capaz de fabricar milagros en la pequeñísima pausa de un instante a otro, pero sí un jefe que impuso respeto, que se hizo escuchar, que trazó diferentes movimientos por encima de las limitaciones del equipo para desarticular a los adversarios, y que supo manejar el material humano disponible. Sin embargo, dos años después, en Guatemala, ese equipo había desaparecido por completo, junto con el vaticinio de Sampson.

Otoniel logra avance

La clasificación para la Copa de Oro en el 2009 eliminando a Guatemala enalteció a Otoniel Olivas como técnico, y lo mostrado en la  derrota por 2-0 ante México --el primer gol de penal-- en el debut pinolero en ese evento, certificó momentáneamente que nuestro futbol se encontraba enviando nuevamente señales alentadoras, pero volvió a retroceder.

Hoy, después de cinco triunfos, tres como visitante, y haber estado a cinco minutos de avanzar meritoriamente a la fase de grupos, la presencia decisiva del factor Duarte es obvia. Es la mano del tico, a ratos tan serio como una esfinge, manejándose con amabilidad pero con firmeza, exuberante de confianza en su capacidad y con habilidad para cambiar la mentalidad poco pretenciosa y hasta resignada de nuestros jugadores, la que ha transformado comportamiento y rendimiento, asegurando una mejoría fácilmente captable. No hay duda que el futbol pinolero atraviesa por su mejor momento en agitación y realización, y ese mérito es de Henry Duarte.

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