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La imagen de Serena Williams, aplastada por los trozos de un sueño hecho añicos que le caían encima como un aviso del inmediato fin del mundo, lo decía todo. Después de imponerse 6-2 en el primer set desarmando a la italiana Roberta Vinci, nadie pensó que su impresionante racha en Torneos “Grandes” desde el Abierto de Estados Unidos del 2014, sería cortada. Su furia, su pasión, su energía y su efectividad, parecían estar en el punto correcto. Pero Vinci reaccionó bravamente para fajarse, iniciar una remontada, y vencer 6-4 y 6-4 ante el asombro del planeta tenis. La mejor del mundo, inesperadamente doblegada, intentando clavar su aturdida cabeza en el mango de la raqueta aún humeante. 

Descartado que fallara

Desde hace 27 años, cuando lo hizo Steffi Graff, la proeza de barrer los cuatro “Grandes” en la misma temporada, ha sido inalcanzable, pero desde antes de abrirse las puertas del Abierto de Estados Unidos, se daba por un hecho, que solo en caso de un imprevisto provocasismos, Serena podía fallar en lo que sería su 22 conquista de un torneo de este calibre, cifra solo alcanzada por Steffi, su primer barrida, juntándose con Maureen O´Conolly, Margaret Court y la alemana Graff. 

Comenzó nerviosa Serena pese a sus 33 años, larga experiencia y clara superioridad. Los dos primeros juegos fueron superados atravesando complicaciones con el servicio, llegadas a la red y errores no forzados. Pero logró enderezarse y en su victoria contra su hermana Venus, dejó una gran impresión aún perdiendo un set. Y cuando llegó el momento de disputar uno de los duelos de semifinales, con los expertos mirando hacia una posible con la rumana Halep, también eliminada ayer por Pennnetta, otra italiana, Serena, la morena estadounidense de potencia, firmeza y certeza, fue considerada amplia favorita.

Un tour fantasioso

Para quienes no gustan el tenis desde hace largo, desde la época de Margaret Court y Billie Jean King cuando me iniciaba como cronista; es decir, los que disfrutamos de la fineza y la destreza que caracterizó a Chris Evert; los que nos sentimos impactados por el poder destructivo de Martina Navratilova; los seguidores de la combinación de agitación y suavidad de Mónica Seles quién se estimulaba rugiendo; los enamorados de la sensual versatilidad que siempre exhibió Martina Hinggis; los que saltábamos de las butacas cargados de admiración frente a la gama de recursos que adornaba la fiereza de Steffi Graff, llegamos hasta Serena Williams, temible pistolera con etiqueta de casi invencible, constructora de dos cuatro “Grandes” consecutivos, pero no el mismo año, pensando haber tenido la suerte de haber tomado un tour de fantasía pura en el mundo del balazo con la raqueta, que tendría como agregado, esta barrida,

Serena se quedó ayer a la orilla de la proeza. Ahora, tendrá que volver a nacer para poder disponer de la posibilidad de una barrida. La pregunta idiota, refugio inútil de la frustración sufrida, es ¿podrá hacerlo?

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