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¡Qué pitcheo amigos! Próximo a la proeza. Merecedor de mejor suerte. Abofeteando el bateo de los Yanquis en un alarde de dominio. Ahí estaba Erasmo Ramírez trabajando desde la cima de la montaña un juego sin hit ni carrera en el inicio del octavo inning. Todos queríamos ayudarle, pero el hit de mal rebote bateado por Carlos Beltrán, golpeando el hombro derecho de Richie Shaffer, derribó el potro sobre cuyo lomo cabalgaba el sueño. Un momento doloroso para preguntarse con amargura: ¿a quién le sonríe la suerte?

Los Yanquis triunfaron 4-1 con un doble impulsador de Alex Rodríguez contra el inseguro relevista Brad Boxberger y jonrón de tres carreras de Slade Heathcot en el inicio del noveno. Con Erasmo fuera del escenario, sin tener que ver con la decisión, esa arremetida yanqui de última hora volteando el 1-0 a favor de Tampa construido en el cierre del octavo, que parecía definitivo, no alteró nuestro sistema nervioso.

SUSPENSO AL MÁXIMO

¡Qué momentos vivimos! En cada casa frente a los televisores, mientras Erasmo Ramírez trabajaba esa posibilidad de no hitter, entre lanzamiento y lanzamiento, ustedes podían escuchar el ruido que produce una gota al caer, o el zumbido de un zancudo, o la liberación de un respiro retenido, o el latido agotado de un corazón emocionado. Un no hitter no tiene precio. Muchos tiradores de grandiosidad indiscutible nunca lo consiguieron y Erasmo anoche en Tampa estaba aproximándose sigilosamente, casi tanto como lo hizo Vicente Padilla el 10 de mayo de 2002, lanzando por los Filis contra los Cascabeles de Arizona. A cuatro outs de la proeza, un hit de bate quebrado disparado por Chris Donell frustró al lanzallamas pinolero que terminó con una blanqueada de solo dos hits.

Erasmo retiró a once yanquis consecutivos antes de bolear a Alex Rodríguez en el cuarto. Volvió a perder el control en el inicio del séptimo cediéndole boleto a Brett Gardner, quien avanzó a segunda con una jugada de bateo y corrido. Frente a esa amenaza, el derecho pinolero fue salvado por una formidable atrapada del novato de 25 años Mikie Mahtook, convirtiendo un doble play, con oportuno y preciso retorno de la pelota, después de rebotar ruidosamente contra la pared derecha, colgándose de esa pelota envenenada bateada por Brian McCann.

RESCATE ESTIMULANTE

Esa atrapada en el inicio del séptimo fue un rescate que estimuló enormemente al nicaragüense, ocultado el susto producido por el estacazo de Brian McCann. Una acción de ribetes espectaculares, acrobática, con un zarpazo preciso, ahogando una estupenda opción de los Yanquis, sacando a Erasmo del pozo de las angustias, sosteniendo el no hitter con los dientes y manteniendo el 0-0 en la burbuja del suspenso. Tan necesitados de la victoria los Yanquis y tan inutilizados por el pitcheo majestuoso de Ramírez, quien se mostraba inalterablemente inspirado, como un Dalí frente al lienzo.

Durante los siete episodios y dos tercios que lanzó Erasmo, permitiendo solo ese hit casual, ponchó a seis, otorgó dos bases y dejando el juego 0-0 mejoró a 3.75 su efectividad, demostrando nuevamente ser un graduado como abridor confiable en el mejor beisbol del planeta.

Por los Yanquis, que se acercaron a tres juegos de Toronto que estuvo libre, Caleb Cotham fue el ganador sacando un out y Andrew Miller, cerrando con pitcheo de tres ponches en el noveno, se apuntó su salvamento 33 con 1.83 en carreras limpias.

Esta de Erasmo ha sido una pequeña historia que se nutre con la chispa desbordante de pretender alcanzar una proeza y termina haciéndose anécdota, alimentada por la sinceridad de un esfuerzo vigoroso y sublime, hasta hacerse llanto. Otra vez será. Ojalá se le presente la oportunidad.

 

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