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¡Cuidado con creer que nuestro futbol ha dejado de ser pequeño! Los saltos cualitativos no se logran activando un switch. Necesitan tomar tiempo, como todo en la vida. Asunto de procesos evolutivos que no tienen nada que ver con frotar la lámpara y ver aparecer en escena a once jugadores geniales capaces de cambiar las imágenes, las pretensiones y los resultados. Desde antes de iniciarme como cronista deportivo, siempre estuve claro que son las actuaciones no los resultados casuales, los que determinan el nivel de avance conseguido, y es por eso, que pese a la inobjetable derrota sufrida por el Walter Ferretti frente al América de México, me gustó su comportamiento en la cancha la mayor parte del tiempo, aún atravesando dificultades.

Históricamente, lo esencial en nuestros equipos, Selección Nacional incluida, han sido los colmillos. No ahora, cuando se hacen propuestas sin temores ni inhibiciones, confiando poder realizarlas, mostrando capacidad de sublevarse y dándole continuidad a la trama. Es decir, obligando a los espectadores a no desengancharse, a seguir entre expectativas no familiares, los próximos pasos de cada juego.

EL GOL DE QUINTERO

Frente a un equipo de más peso, kilometraje, experiencia cultivada y valores individuales de alto costo, el Ferretti pareció estar inclinado a la búsqueda del contragolpe con Leguías bien arriba, batallando en inferioridad numérica, pero no fue así pese a que se llegó a estar sangrando. El gol de Quintero, de estupendo remate sobre un balón descendiendo y trazando una hermosa parábola hasta la escuadra superior derecha de la cabaña custodiada por el “Pulpo” Espinoza, fue un golpe que hizo girar nuestras aturdidas cabezas, y el penal ejecutado por Arroyo en el minuto 26, una brutal “zancadilla” en el área de las esperanzas, súbitamente deshilachándose.

Usualmente un 2-0 en contra, era terriblemente aturdidor, con tendencia al caos. Pero los hombres de Da Silva consiguieron admirablemente, ordenarse, resistir y proyectarse con peligrosidad. Cero desesperación. Para remar contra la corriente era necesario recuperar la calma y sacar habilidades del Cofre, sin duda, una gran exigencia. Al mantenerse en contacto con el balón más tiempo del previsto, poder abrirse por las bandas y tomar espacios, el Ferretti comenzó a atreverse a tomar riesgos, enchufándose a ratos. Me gustó eso, y más todavía, la elaboración del gol marcado por Bernardo Laureiro.

AULLIDO DE LAS TRIBUNAS

Primero vertiginoso y de inmediato flexible y quebrador, Eulises Pavón, el responsable del penal fauleando a Benedetto, fue brillante en un doble maniobrar por la izquierda, dentro del área, próximo al fondo, y su entrega rasante que enderezó Laureiro con su botín zurdo sacudiendo la red, fue de geométrica exactitud. El aullido de las tribunas resultó impresionante. Un gol para disfrutarlo, para revitalizarse y para buscar cómo crecerse. En eso estaba el equipo pinolero, cuando Darwin Quintero apareció otra vez y con rápido accionar dejó a Casco fuera de foco y apretó el gatillo liquidando al “Pulpo” y estableciendo antes del descanso, el 3-1, que terminó siendo definitivo.

El 0-0 del segundo tiempo grafica intenciones “amputadas” y reducción de intensidad. Lo suficientemente cuidadoso el América para quitarle profundidad al Ferretti y aceptar una pelea en el centro del campo con proyecciones previstas de cada lado, el equipo azteca colocó bajo llave esos tres puntos que le permiten, sin excederse, asegurar su avance a la siguiente fase. En un partido roto desde los primeros 45 minutos y de ritmo sostenido, un América obviamente superior, supo cerrar sin alteraciones de su sistema nervioso, pero los buenos ratos de manejo, aprovechamiento de los espacios vacíos y entregas precisas de un Ferretti peleador, empeñado en no desdibujarse, fueron agradables.

LA PÉRDIDA DE FLAVIO

Lo más doloroso de la noche del miércoles para el Walter Ferretti, no fue verse superado por un equipo de mayor madurez, con mejores recursos en material humano y económico, y antecedentes más consistentes, sino perder a Flavio Da Silva, un excelente constructor de buen juego, con la habilidad requerida para sacarle el máximo provecho a su personal. Alguien que valía la pena conservar, pero que lamentablemente, como lo explicó en su despedida con el periodismo, fue detrás de su propio proyecto. Imposible cuestionarlo por intentar un salto a su futuro.

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