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De pie por favor, atentos y cruzando los dedos. La postemporada se encuentra en la vuelta de la esquina entre un oleaje de intrigas, y hay alguien terriblemente molesto consigo mismo, con su brazo zurdo crispado, y exageradamente ansioso por limpiar las manchas de sangre en su reputación como el pitcher más temido del beisbol. Ese es Clayton Kershaw, “as” de los Dodgers de Los Ángeles.

El escritor chileno Jorge Edwards tiene entre sus libros uno que tituló “El inútil de la familia”,  sobre su tío-abuelo Joaquín, nada que ver con lo ocurrido a Kershaw, pero útil para una historia que podríamos titular “El inútil de la Postemporada”, en referencia a sus sorprendentes cuatro derrotas consecutivas frente a los Cardenales de San Luis, que han amputado las pretensiones de los Dodgers, de regresar a un Clásico de Octubre.

URGENTE REIVINDICARSE

¿Qué le pasa a Kershaw en la etapa de mayor exigencia emocional y de rendimiento? Ese es un misterio que puede recorrer la cordillera de los Andes de ida y regreso sin ser develado. Barry Bonds, Alex Rodríguez y Roger Clemens han enfrentado problemas similares, pero el hundimiento de Kershaw en la postemporada es lo más próximo al del Titanic, y siente que necesita urgentemente reivindicarse.

Se supone que contar con Kershaw y Zack Greinke, proporciona una gran ventaja a cualquier equipo en series postemporada, y absoluta tranquilidad a cualquier mánager. No es una buena idea preguntarle sobre eso a Don Mattingly. Sus Dodgers, con esa pareja para muchos “diabólica”, exterminadora, han sido eliminados por los Cardenales en el 2013 y el 2014. Incluso un chavalo, apenas ligeramente advertido por sus proyecciones en aquel momento, Michael Wacha, eclipsó a Kershaw en un par de enfrentamientos.

A pocos días de meterse entre las brasas de la postemporada, la pareja Greinke-Kershaw vuelve a ser calificada invencible. No hay forma de desviarse hacia otro lado en las consideraciones. Greinke, con 18-3 y ese asombroso 1.65 en carreras limpias, podría ser el Cy Young del 2015 sin pedirle permiso al ganador de 19 juegos y quizás de 20, Jake Arrieta, tan galvanizador de los Cachorros como su explosivo bateo joven encabezado por Kris Bryant; en tanto Kershaw, quien el sábado, durante una derrota por 3-2 ante los Piratas y Francisco Liriano, vio cortarse en 9 su excitante racha de triunfos, presenta cifras que impresionan con balance de 14-7 y 2.18 en efectividad, agregando macabro “adorno” de 272 ponches, lo cual es una seria advertencia para cualquier alineación por muy cargada de dinamita que se le considere.

OJO, NADA ES SEGURO

Cierto, lo reciente nos indica que disponer de esas dos escopetas tiene un gran significado, pero no es algo definitivo. En 1971, los Orioles de Baltimore llegaron a la Serie Mundial para tomar el reto de los Piratas con cuatro ganadores de 20 juegos, Dave McNally, Jim Palmer, Miguel Cuéllar y Pat Dobson; en contraste, los de Pittsburgh solo tenían en su rotación un brazo con más de 15 triunfos, Dock Ellis, quien consiguió 19, pero ganaron esa Serie Mundial cerrada con dos formidables duelos de pitcheo.
Siempre he pensado que de haber juntado en el mismo staff a Roger Clemens y Pedro Martínez, los Medias Rojas se hubieran establecido como una dinastía en los años 90; sin embargo, los Bravos de Atlanta, con tres ganadores del Cy Young y más adelante miembros del Salón de la Fama, Greg Maddux --un verdadero científico--, John Smoltz y Tom Glavine, no lo lograron, y eso le quitaba peso a la sospecha de lo que habrían sido capaces “El Rocket” y Pedro.
Desde Christy Mathewson y Joe McGinnity, ganadores de 31 y 21 juegos para los Gigantes en 1905 y vencedores de los Atléticos en el Clásico, teniendo también como apoyo a Red Ames, un ganador de 22 juegos, lo obvio ha estado sobre el tapete: el equipo de más pitcheo es señalado como favorito para coronarse.

UN RECUERDO QUE GOLPEA

Hay algunos casos excepcionales que lo certifican: ahí tienen la Serie Mundial de 1966, con los Dodgers de Sandy Koufax, Don Drysdale y Claude Osteen, aparentemente invencibles, barridos por los Orioles con su joven staff integrado por Dave McNally, Jim Palmer y Wally Bunker, con Moe Drabowski realizando un relevo memorable de seis entradas y dos tercios. Reducidos a la nada, apenas .142 puntos en la ofensiva, los Dodgers se vieron obligados a quemar naves y salir en fuga.

Pero, ¿qué decir del impacto provocado por Randy Johnson y Curt Schilling en el 2001 venciendo a los Yanquis en siete batallas, ignorando el intento de taponeo de Mariano Rivera en el duelo de vencer o morir? En esa serie, Randy Johnson tuvo que trabajar como relevista para ser el último tirador ganador de tres juegos en Clásicos. Curt Schilling, de mayúscula importancia, aportó la otra victoria, antes de formar pareja con Pedro Martínez en Boston, sacando a los Medias Rojas de “La Maldición” en el 2004.

Hay parejas inolvidables como la de Lou Burdette y Warren Spahn con los Bravos y líderes de staff capaces de cargar sobre sus espaldas con toda la responsabilidad como Eddie Ford de los Yanquis, Bob Gibson de los Cardenales, Mickey Lolich de los Tigres y Jack Morris de los Gemelos. La pregunta en este 2015 gira alrededor de Kershaw y Greinke: ¿Responderán finalmente a las expectativas apretando firmemente las tuercas? Ocurra o no, sigue siendo una gran atracción.

1-5 es el balance de Kershaw en juegos postemporada, con un deteriorado 5.12 en efectividad.

2-2 presenta Zack Greinke, con 3.63 en carreras limpias a lo largo de siete aperturas.

4 ganadores de 20 juegos tuvieron los Orioles en su staff de 1971 y perdieron con los Piratas.

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