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No hay ninguna palabra que defina mejor a Román “Chocolatito” González que la esperanza, porque todo en su vida ha sido esperanza, desde el día que decidió, orillado por las circunstancias, acompañar a su padre a tocar las puertas para vender “veneno”, hasta el día en que fue nombrado el mejor peleador libra por libra en el mundo, en ese camino ha habido siempre ilusión, sacrificio, hambre y optimismo.

Su esperanza ha sido tan grande, que en ese cuerpo de 1.60 metros no cabe. Román dio esperanza a su familia, fue la esperanza de su maestro, Alexis Argüello, y es hoy la esperanza de millones de millones de nicaragüenses que ven en él un ejemplo de vida.

Antes de que ello, suceda, Román charló con ESPN Digital, recordó su pasado, valoró su presente y dejó en manos de Dios el futuro.

“Gracias a Dios hoy me toca llevar a Nicaragua por el mundo, eso me da la motivación para entrenar más duro y hacer el mejor trabajo que se pueda, me siento feliz”, comentó el carismático “Chocolatito”.

Camino difícil

Antes de ello, hubo un camino del que no se olvida y que le sirve para seguir sacrificando lo que sea necesario para seguir en la cima.

“Vengo de una familia bien humilde, luchábamos día a día, nosotros vendíamos veneno (para matar insectos), cera para el piso, detergentes para el piso, la ropa, con eso mi papá mantenía a la familia, íbamos de casa en casa vendiendo eso, uno hace lo que sea por la familia, esa es lo que motiva a uno mucho, hoy en el boxeo se me han dado las cosas, a mis papás, gracias a Dios, les hice su casa”, recordó Román, quien trabajaba de lunes a viernes y los días que descansaba, conseguía una carretilla para sacar la basura de las casas y sacar más dinero.

 

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