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Cuando sonó la campana en el Estadio Nacional aquel 8 de junio de 1968, unos 10 mil corazones comenzaron a bombear aceleradamente alterando los sistemas nerviosos. Solo el tailandés Chartchai Chionoi, Campeón Mundial de las 112 libras, en ese tiempo la más pequeña categoría del boxeo, y nuestro Eduardo “Ratón” Mojica, se movían en el centro del ring con esa sangre fría que caracteriza a los que no miden los riesgos. Mojica disparó su primer jab de izquierda y la multitud rugió.

En una pelea que no consiguió ribetes espectaculares, pero emotiva por el significado que encerraba pese a no estar en disputa el cinturón del tailandés, El “Ratón”, apoyándose en ese jab zurdo que logró pulir lo suficiente Antonio Aznar, estructuró una victoria enloquecedora. El Campeón Mundial había sido derrotado. La dimensión de Mojica en el firmamento de los pesos pequeños de esa época era cierta. Mas adelante podía alcanzar la proeza y coronarse. Eso quedó pendiente porque la probable pelea con el argentino Horacio Acavallo nunca se concretó entre versiones que parecieron distorsionadas y quedaron como pasto para discusiones finalmente inútiles. 

Merecido reconocimiento

Ayer, mientras el CMB le entrega a Mojica un cinturón simbólico en un homenaje sencillo pero capaz de hacer saltar los resortes de las emociones de quienes allí estaban, el recuerdo de aquel jab del “Ratón” que le facilitó superar a Chionoi en una pelea sin apuros de cada lado, sin la sangre con la que fue anunciada en el cartel promocional, pero ruidosa y fortalecedora de ilusiones, iluminó el local del María Bonita. En cierto momento el veterano gladiador se puso en pie, se cuadró y disparó un jab. 

Mojica fue el primer gran ídolo del boxeo. No me perdía pelea y me costó 25 córdobas verlo desde lejos enfrentar a Chionoi. Siempre lo tuve más cerca y logré apreciarlo en los pequeños gimnasios y en el Estadio de Futbol, sin sospechar que convertido por casualidad en cronista deportivo, cubriría la etapa final de su trayectoria. ¡Cómo me dolió cada golpe que le acertó el ágil colombiano Néstor “Baba” Jiménez derrotándolo en diez asaltos, haciéndolo atravesar por un largo calvario en febrero de 1971! Ese “Ratón” solo era una pálida sombra de un pasado histórico pre-Alexis. Frente a la máquina, siendo un joven de 27 años, no quería escribir, pero tenía que hacerlo.

¡Cómo pasa el tiempo!

Los recuerdos se me vienen encima como un alud. Aquel combate con Efrén “Alacrán” Torres; el reto que le plantearon los también aztecas Fillo Morales y “Zorrito” Garrido; los dos enfrentamientos con el bravo, flexible y difícil dominicano, Wilfredo Lama; las dramáticas victorias sobre Heleno Ferreira y José Severino; las guerras con “Dumbo” Pérez y Nelson Alarcón. Fue él quien me presentó en 1970, a su cuñado y gran prospecto, Alexis Arguello. En fin, tantos recuerdos visibles entre telarañas, se reactivaron ayer mientras veía al “Ratón” envejecido encima de sus 75 años, sonriente, orgulloso, con esa mirada que antes taladraba rivales, hinchado por la satisfacción de lo que fue y representó.

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