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Yogi Berra dejó una frase aparentemente tonta, pero de gran profundidad tratándose del beisbol: el juego no se acaba hasta que se acaba.

En este aspecto de estirar el suspenso hasta el infinito, no hay otro juego como el beisbol. Nada es previsible, ninguna diferencia es definitiva, y sobre todo, ninguna apariencia es real. Ni el más inofensivo, ni el más temible. Solo se puede ser creyente en la inseguridad.

¿Qué otro deporte nos ofrece eso?

El reloj no juega, no existe, luego no puede ejercer presión como en el futbol, el baloncesto o el futbol americano. El 18 de abril de 1981, el juego entre Pawtuckett y Rochester se extendió empatado por 32 entradas hasta ser suspendido y reanudado el 23 de junio. Es un deporte en el que nadie sabe qué va a pasar, una vez que la pelota sale de la mano del pitcher. Es el deporte que más pueden disfrutar los aficionados, porque constantemente tienen tiempo para todo, para cuestionar, para discutir, para entrar en consideraciones, hasta para sentirse más mánager que los mánager. Esa es la belleza del juego, mantener a los aficionados adentro, participando en cada decisión. Por eso, el beisbol nos atrapa con tanta fuerza.

SIEMPRE HAY UN FAVORITO

En las puertas de la Serie Mundial del 2015, nos encontramos con Mets y Reales, dos ganadores de sus divisiones que se coronaron campeones de sus ligas barriendo a los crecidos Cachorros y derrotando a los peligrosos Azulejos. Luego, sus méritos saltan al tapete aunque los Cardenales, el mejor equipo de la temporada con 100 triunfos, lamente haber sido eliminado por un equipo de tercer lugar, sobreviviente gracias a la mecánica de “los comodines”.

Siempre hay un favorito, pese a tantas pedradas destrozando los cálculos de los expertos. El pronóstico seguirá existiendo y creo más en el pitcheo joven de los Mets y el funcionamiento de su punch, que en la agresividad impresionante de los Reales, su respetado pitcheo de apertura dominicano y ese remate que aseguran brazos poderosos como el de Kelvin Herrera. Claro que tengo dudas, porque en beisbol no existe factor de seguridad y siento admiración por el bullpen de Kansas. Pero creo en los Mets.

Y no digo esto porque pienso que esa joven y efectiva rotación con Matt Harvey, Jacob deGrom, Noah Syndergaard y Steve Matz llegue a ser tan funcional como aquella todavía más joven que la de los Orioles presentaron en 1966 para barrer a los favoritos Dodgers de Koufax, Drysdale, Osteen, Podres y el joven Sutton. En aquel tiempo, antes del invento de los play offs, Jim Palmer, de 20 años, era el máximo ganador de Baltimore con 15, con el complemento del líder de staff Dave McNally, con 23 años, y Wally Bunker de apenas 21. En Series Mundiales se utilizaban rotaciones de tres brazos.

FRENTE A LO IMPREVISIBLE

Ese pitcheo abridor de los Mets, que apagó el furor de la explosiva chavalada de los Cachorros, permitiendo solo 6 carreras a lo largo de 24 entradas y dos tercios, se enfrentará ahora a los imprevisibles Reales, que te pueden derrotar con un trancazo, un robo, un toque, un esprint arriesgado y hasta desgastándote fauleando, en respaldo de esa tripleta de brazos dominicanos, uno tan joven como los abridores de los Mets, tal es el caso de Yordano Ventura, y dos ya con madurez cultivada, como Johnny Cueto, quien ganó el juego decisivo contra los Astros, y Edilson Vólquez, teniendo detrás a Chris Young.

Yoenis Céspedes es un bateador de 35 jonrones y 105 empujadas con Tigres y Mets en la temporada regular este año, Lucas Duda se voló la cerca 27 veces y Curtis Granderson 26, en tanto Daniel Murphy se encendió en tal forma durante la postemporada que parece un clon de Reggie Jackson, pero ojo, en poder, los de Kansas son perceptibles: presentan en su alineación a siete artilleros con 13 o más jonrones, incluyendo tres que dispararon más de 20 como Kendrys Morales, Mike Moustakas y Salvador Pérez, y con el aporte de su agilidad y el pitcheo de remate sólido dejaron atrás a un equipo como Toronto, con mayor capacidad de destrucción que los Mets. Así que, ¿quién dijo miedo?

Estamos viviendo la época en que el bullpen decide y el de Kansas impresiona más porque los Mets no tienen un Kelvin Herrera, capaz de cinco trabajos contra Toronto en seis juegos, ponchando a 10 y cediendo tres hits en cinco entradas y dos tercios sin permitir carrera. Jeurys Family de los Mets tiene 0.00 en toda la postemporada, durante ocho faenas sujetando al enemigo, con cinco rescates, tres de ellos en las cuatro victorias contra los Cachorros, pero no parece alcanzar la autoridad que muestra Herrera. 

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Con Wade Davis detrás de Herrera para firmar sentencias (0.00 en seis entradas y dos tercios en los play offs), el agregado de Lucas Hochevar y Ryan Madson, sin obviar a Danny Duffy pese a tambalearse en una de sus intervenciones, el pitcheo de cierre de los Reales se ve más firme que el de los Mets,  con Tyler Clippard y Adison Reed, con la experiencia y recursos de Bartolo Colón para recorridos largos.

Hay compensación con la pequeña diferencia que puede captarse en el pitcheo abridor.

¿Quién favorito? Esa es la belleza del beisbol, la presencia de la incertidumbre. Nada es seguro, ni tener a Josh Donaldson frente al plato con la posibilidad de arrebatarle un juego a los Reales como el del viernes, ni ver a Luis González tratando de batear un hit ganador contra el pitcheo prohibido de Mariano Rivera en el 2001, como ocurrió. Antes de la Serie Mundial de 1988, ese gran escritor-analista que siempre ha sido Bob Rubin vaticinó que los fieros Atléticos de Canseco, McGwire, Parker, Baylor y Lansford ganarían la Serie Mundial en tres juegos porque los Dodgers cojeantes de Kirk Gibson no se presentarían al cuarto juego. ¡Qué atrevimiento! Y fueron los Dodgers quienes se coronaron en cinco duelos. ¿Qué les parece? ¡Así es el beisbol! Por eso nos atrapa.

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