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Es una indiscreción. Una pequeña frase soltada en privado, pero relatada por uno de los periodistas más famosos y respetados de Francia, Nicolas Domenach, en la revista 'Challenges'. Ese especialista de la política francesa conoce bien a los hombres de poder de la vecina república y cuenta que Manuel Valls, el emblemático primer ministro francés (partido socialista), no cierra la puerta a la participación del  Barcelona en el campeonato francés de Primera División, en caso de independencia de Cataluña y de exclusión de la Liga de los clubes catalanes.

 “Después de todo, el Mónaco juega en Ligue 1, y bien” hubiera confesado el jefe del Gobierno. Algo que, visto desde una perspectiva francesa, no tiene gran relevancia, pero que, lógicamente, tiene un eco muy importante en España.

Todo el mundo sabe que esa cuestión ha sido uno de los temas más mediáticos de la campaña de elecciones catalanas del pasado 27 de septiembre. Francia siempre ha tenido una posición muy clara respecto a la posible autodeterminación de Cataluña. El gobierno galo no pretende meterse en los asuntos internos de su vecino, pero no deja nunca de manifestar su deseo de contemplar una España unida, un país amigo con el que Francia tiene unas relaciones políticas y económicas privilegiadas. Y el discurso de Manuel Valls siempre ha sido inequívoco. 

Como se sabe, el primer ministro francés nació en Barcelona el 13 de agosto de 1962 y solo adquirió la nacionalidad francesa en 1984. Se siente muy orgulloso de sus orígenes españoles y nadie puede acusarle de esperar que Cataluña apueste por la independencia de forma unilateral. Sin embargo, parece que el futbol, y en particular su amor por el Barsa, le pierde un poco.

Apasionado por el Barsa

Valls es muy aficionado del club azulgrana y viene de lejos porque, incluso, un primo de su padre fue el compositor del himno del Barsa. Esa pasión le llevó a cometer el pasado mes de junio algo que él mismo reconoció como un error. Fue con sus dos hijos a la final de la Champions para apoyar al equipo culé frente a la Juventus, pero, por razones “prácticas” de tiempo y de seguridad viajó a Berlín con un avión de la República francesa. Provocando muchas críticas, incluso en el seno de su propio partido.

Le pudo la pasión y todo apunta a que esa pequeña frase soltada en una conversación privada fue ante todo la reflexión de un aficionado del Barsa, antes que la de un jefe de Gobierno. Sin embargo, y conviene indicarlo, la embajada de Francia en España, por su parte, desmintió anoche tajantemente las palabras atribuidas al primer ministro y recordó que la postura de Francia sobre Cataluña no había cambiado.

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