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El monarca mundial de peso mediano del CMB, el puertorriqueño Miguel Cotto, realizó este miércoles un entrenamiento abierto a los medios con miras a su anticipado combate frente al mexicano Saúl “Canelo” Alvarez, pactado para el próximo 21 de noviembre en la arena del hotel Mandalay Bay de Las Vegas.

La sesión tuvo lugar en el gimnasio principal del Wild Card, para dar cabida a varias decenas de reporteros que se dieron cita en el gimnasio de la calle Vine, en Hollywood, y constatar el buen estado físico que guarda el pugilista boricua, a quien, de acuerdo a su adiestrador Freddie Roach, solo le restan dos sesiones de guantes con sparrings.

Cotto está convencido que en este choque, un nuevo capítulo en la ya larga historia de la rivalidad entre pugilistas boricuas y aztecas, estará en juego la experiencia frente a la juventud.

“Ustedes lo verán el próximo 21 de noviembre. Porque, si se complican las cosas, tanto por parte del Canelo, como de Miguel Cotto, verán si la experiencia pudo más que la juventud”, aseguró el cuatro veces campeón mundial, respondiendo a una pregunta sobre los 10 años de diferencia con su rival de turno.

“No he visto nada en Canelo. Freddie se ha encargado de establecer el plan de trabajo, lo mismo que para la pelea, y a eso me dedicaré, a seguir sus instrucciones”, aseguró Cotto, al preguntarle sobre lo que pudiera esperar de su rival.

Tampoco quiso referirse el veterano pugilista puertorriqueño, a lo que se pudiera considerar como la mejor arma en el arsenal boxístico del “Canelo”.

“No lo sé. No sabemos lo que está pasando en su campamento, en San Diego. Y nosotros no tenemos cabida para pensar en lo que Saúl está haciendo, porque estamos dedicados a preparar todo lo que corresponde a mi plan de pelea. Sabremos lo que trae Saúl el día del combate”.

Cotto llegó puntual, a la hora anunciada y de inmediato se subió al entarimado, para iniciar su trabajo, con rutinas de sombra, mientras la música de salsa inundaba el ambiente.

Luego, su entrenador, Fredie Roach, se subió al encordado, para auxiliar a su pupilo en un trabajo de manoplas.

Después, Miguel se bajó del entarimado para irse a una de las esquinas del gimnasio, a aporrear la pera loca, antes de dedicar tiempo para saltar la cuerda.

Finalmente, luego de ducharse, regresó al encordado, pero solo para atender a la prensa, respondiendo a todas las preguntas, mientras iba recorriendo el cuadrilátero, donde estaban apostados los reporteros. 

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