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¿Se pueden permitir dos magos con el mismo uniforme? Eso podría ser considerado un abuso. El Neymar que estamos viendo, imparable, multifacético, frotador de lámpara, desbordante, con liderazgo, capaz de fabricar goles como el tercero frente al Villareal, una aproximación al logrado por Pelé de 17 años, contra Suecia en la final de 1958, parece ser un producto sobrenatural, como Lionel Messi, aunque todavía guardando distancia.

Precisamente cuando Messi salió del escenario dejando amputado el ataque azulgrana, Neymar, con 23 cumplidos, tomó las riendas del equipo, que no ha llorado ni sangrado por la larga pérdida del argentino, en vista del accionar enérgico, cargado de destreza y mostrando jefatura del cada vez más evolucionado brasileño, con mucho de Ronaldinho en habilidad y algo de Rivaldo en estiramiento y resolución.LUIS SUÁREZ NO PIERDE EL OLFATO Y SIGUE MARCANDO.

EVITANDO EL DESANGRE

Se pensó que sin Messi vendría el diluvio, que el desangre sería inevitable. Eso no ha sido cierto porque la presencia de un depredador como Luis Suárez, y el agregado de la inagotable gama de recursos de Neymar, gritando ¡mírenme!, obligando al propio Messi a levantarse de su butaca para aplaudirlo bañado de admiración, han sostenido al Barsa, que hoy amaneció solitario en la cima de la Liga con tres puntos de ventaja.

Un mago desequilibra, pero dos es mucho. Será necesario someter a revisión el caso del Barsa. En el Mundial de 1970 Brasil llegó a juntar a cinco “dieces”, pero ninguno era próximo a Pelé. Ni Gerson, ni Rivelino, ni Tostao, ni Jairzinho. Este Barsa de Luis Enrique, que amaneció como líder de la Liga, tiene en Luis Suárez un tigre en el área, con un olfato único, pero no con el toque mágico que después de Maradona solo Messi parecía haber conseguido.

 

¡FUERA CADENAS!

Liberado de la sombra de Messi, el brasileño se ha soltado y está asombrando con su accionar. El juego estaba trabado 0-0 pese al mejor desempeño del Barsa, que fabricaba más posibilidades, y fue Neymar en el minuto 60, recibiendo un magistral trazado entre líneas de Busquets, quien entró por la izquierda para aquietar la pelota y rematar de inmediato, adelantando al equipo azulgrana 1-0. Un penal contra Munir en el minuto 69 fue ejecutado certeramente por Luis Suárez para agrandar la diferencia 2-1, y en el 84, el acto de magia de Neymar que hubiera hecho ruborizar a David Cooperfield y Chris Angel.

Desplazándose Suárez por la izquierda, entregó a Neymar, destapado por el centro y de espaldas al defensor Costa. Dibujó un sombrero casi de charro con una pincelada, giró y fue tras el descenso de la parábola, rematando de volea con derecha. El arquero Aréola no lo podía creer. Se vio inutilizado por la proyección rasante, no aérea, del balón. Se apagaron las luces y quedó Neymar, con el brillo de sus ojos, con el resplandor de su jugada, inmenso, iluminando la cancha.

 

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