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¿Quién dijo que los dinosaurios se habían extinguido? Por aquí quedaba uno en el agitado periodismo casero: Danilo Aguirre Solís.

Lamentablemente, acaba de morir, y no se ve otro en la lejanía. Fue el último de una generación irrepetible cargada de autodidactas, capaces de trabajar sin horario y sin desmayo, de abrirse paso creciendo en busca de la superación, de incidir en una sociedad, de amargar una dictadura y tumbarla. Yo conocí a ese dinosaurio que anduvo, anduvo, anduvo, buscando la luz del día. En mi construcción como periodista hecha “al bolsazo”, él fue mi universidad. Por 45 años, disfruté de su amistad y aproveché sus conocimientos.

Su fallecimiento, víctima de una falla cardíaca mientras compartía con su esposa Alba uno de esos momentos familiares que tanto apreciaba, golpeó mi cabeza como lo hubiera podido hacer destructivamente una combinación de golpes de Joe Louis o Mike Tyson.

Después de haberle ganado varios rounds a la muerte, el gigante finalmente cedió. No pidió una vida corta y gloriosa como lo hizo Alejandro, el hijo de Filipo, prefirió hacer un recorrido largo hasta los 76 años, para dejar huellas imperecederas a través de sus enseñanzas y su ejemplo, obligándonos a danzar alrededor de una intriga: ¿cuándo volveremos a ver otro como él?

Es el periodista más completo que he visto por estos lados. El redactor, el Jefe de Redacción, el Director, el maestro en el manejo de las noticias, el titulador único, el comprometido con las grandes exigencias, el compañero y amigo de tiempo completo, el pedagogo por vocación, el que se ejercitó en la astucia y la audacia convirtiéndose en un cuestionador implacable, el periodista que todos quisiéramos ser, no estará más entre nosotros. Es triste, como una noche sin luna, o un amanecer sin esperanzas.

No puedo perdonarme no haberlo visitado, como me insistió Chilo mi esposa, para entregarle las líneas de mi dedicatoria en el libro SOLO FIERAS a circular en unos días, y son estas:

A DANILO AGUIRRE SOLÍS, por el aprendizaje que adquirí observándolo, por el contagio de ese esfuerzo superándose cada día, por tolerarme preguntarle incansablemente, por permitirme solicitarle sugerencias sin aburrirse, por admirarlo como el mejor periodista que he visto por aquí, por sentir casi siempre su mano sobre mi hombro y por creer en mis posibilidades. Danilo es un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones.

Como ocurrió con Mirabeu según el relato de Lamartine, vamos a seguir viviendo pidiéndole inspiraciones a su recuerdo. Nunca su inteligencia perdió el vigor, nadie pudo eclipsar su talento, siempre supo robarle tiempo al tiempo, y no se contentó con solamente ser bueno. Siempre intentó ir más allá. No había forma de confundirlo, porque dominaba todo el espectro informativo. Imposible meterle un gol.

Ha fallecido un periodista estudioso y fecundo, quizás irrepetible. Siempre lo estaré viendo al otro lado del espejo. Nunca asistí a una escuela de periodismo. Él fue mi universidad. Mi amigo, ese dinosaurio.

 

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