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Entre las cuerdas, mientras se busca como vencer y convencer, las almas son más fuertes que los huesos. Saúl “Canelo” Álvarez es un púgil desprovisto de ribetes técnicos, distanciado de aplicar variantes, sin muestras de aprendizaje, pero dispone de un físico exuberante, un golpeo estremecedor cuando hace conexión, y es capaz de embestir para abrumar. Eso sí, carece de atrevimiento por falta de corazón.

“Canelo” depende del poder de su golpeo y la capacidad para apretar a su adversario. Está obligado a ser un peleador de temperamento, con intención de destrozar. Debe estar claro de eso. Pero púgiles así, necesitan escuchar los latidos de su corazón para agitarse, tomar riesgos, ir a fondo y meterse el temor en el bolsillo. En ese aspecto, “Canelo” sigue siendo pequeño, por muy grande que se vea, aunque entre al ring con más de 15 libras de ventaja, como ocurrió frente a Cotto, decepcione.

BOXEADOR QUE NO EXISTE

Ayer en el programa Golpe a Golpe, Julio César Chávez, uno de los peleadores con más corazón que hemos visto, tratando de ser prudente, dijo que “Canelo” puede llegar a ser un boxeador que todavía no existe. Y es cierto, porque ha sido incapaz de forzar peleas bravas y hacer valer su contundencia. Más alto, más fuerte, con más pegada, y ¿para qué? Para dejar que el rival tome el centro del ring, se acomode en la media distancia y decida que hacer.

Me pareció estar en el territorio de lo absurdo, cuando escuché decir en ese panel que Cotto hizo una pelea inteligente y “Canelo” también. Así que alguien vio a dos genios de la estrategia boxística. Por favor, a lo largo de toda la pelea, “Canelo” fue un boxeador sin plan. No sé qué esperaba. Quizás que Cotto entrara rectilíneo con las puertas abiertas a recibir puñetazos, no que trazara una geometría sencilla garantizando los esquives.

Cotto sí llegó con un plan y lo supo desarrollar. Incluso, se mostró imprudente en un par de asaltos, sobre todo en el octavo, cuando “Canelo”, al tenerlo cerca, le conectó golpes ascendentes que deberían aturdido. Pronto, Cotto se salió de las brasas y regresó a su tarea de toreo, muy atento a los golpes que veía venir y manteniéndose lejos de las sogas. Era su “truco”, respaldado por un par de piernas todavía lo suficientemente ágiles.

¿QUÉ SE HIZO EL PEGADOR?

Sin plan A, no puedes tener el B, y “Canelo” siguió sin poder hacer valer lo mejor que tiene, ímpetu y furia como soportes del poder de su golpeo. ¿Alguien vio a Cotto en mal estado en algún momento? Entonces ¿qué se hizo el pegador? ¿O no pega como creemos? Es obvio que Cotto hizo lo que necesitaba hacer para quitarle fuego, puntería y dominio a base de fuerza, al mexicano. El que no supo que hacer con su armamento fue “Canelo”.

Decir que no se puede ganar una pelea con solo el uso del jab, como se discutió en ese programa, es una solemne tontería. Claro que se puede en dependencia de su uso y de lo que no pueda hacer el rival. Si como Whitaker desajustas al adversario y permaneces punteándolo, lo logras, limpia e indiscutidamente. Ah, si lo que haces supera el trabajo de ese jab, es otra cosa, lo inutilizas y te impones.

Es muy difícil descubrir algún avance boxístico de “Canelo”. Tiene la suerte de estar abriéndose paso en un momento como este, pero sin convencer.

 

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