•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Las alarmas están encendidas alrededor de Everth Cabrera. Qué decepcionante es descubrir, cuando creemos haber llegado al fondo del pozo, que hay más profundidad, y eso es siniestro. Todo lo que he escuchado y leído sobre Everth me parece exagerado, por lo grotesco e impactante, pero desgraciadamente es algo real, y nos duele. Él debería estar jugando pelota invernal y pensando en reportarse a los entrenamientos primaverales, no encontrarse internado en una sala de observación exigiendo la atención de un siquiatra después de haberse descarrilado de diferentes formas, enloqueciendo incluso a los que más lo quieren.

Dice Shakespeare que sabemos lo que somos, no lo que seremos. Eso demuestra que estamos en manos del azar, no de la lógica, y que de pronto, como Everth, podemos sentirnos viajando en una montaña rusa, sin rumbo cierto. Me pregunto desconcertado: ¿En qué momento entraron los gallinazos que grafica García Márquez al presente de Cabrera para picotear implacablemente su futuro inmediato? Y lo más dramático: ¿Cómo él lo permitió?

ENTRE CALAMIDADES

Lo que comenzó al conectarse con la Clínica Biogénesis en Miami en busca de mejorar su rendimiento y establecerse en las Grandes Ligas, registrando un rendimiento por encima de sus facultades naturales, se precipitó hacia un largo calvario saltando de calamidad en calamidad, como si no se preocupara en reflexionar sobre lo que tenía que hacer para reconstruirse. En lugar de acercarse a un punto de corrección, se fue alejando distorsionándose cada día más.

¿Cómo fue posible que frente a ese proceso de autodestrucción, todos los que lo rodean se sintieran inutilizados hasta verlo desembocar en las tinieblas? Fueron tantas las desviaciones hacia un campo minado de peligros, que las señales de advertencia eran fácilmente captables, pero él nunca se detuvo. En momentos como esos se necesita intervenir drásticamente, con autoridad y sensatez. Pero por lo visto, nadie lo hizo y el caos fue creciendo, hasta convertirse en incontrolable.

A SALIR DE ESCOMBROS

No se trata de hacer un tour por recuerdos retorcidos, sino de ver que se puede hacer por Everth, convencidos de que por ahora quien menos puede hacer por él es él mismo, totalmente desconectado de lo razonable, afectado por su testarudez en taladrar el barco de su vida y naufragar. ¡Qué difícil es tratar de trabajar con alguien carente de lucidez, consecuencia de tantas complicaciones en las que se ha sumergido! Es necesario llevarlo a un punto de reflexión que le permita gritar como Mafalda: ¡Paren el mundo que me quiero bajar! Como se ven las cosas, eso va a tomar tiempo.

Ninguna certeza sobre su reconstrucción porque las dudas son múltiples. Y eso es urgente. Lo clave, más allá de cualquier tratamiento, es su respuesta. El despertar de cada uno no depende de los otros. Si Everth llega a estar consciente de eso, podrá pretender enderezarse.

De no ser así, lo probable es que siga siendo víctima de su fatal martirio. Ya veremos como se faja en el extrainning.

 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus