Edgard Tijerino
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Que un joven estudiante de comunicación como lo es Harold Briceño, me considere merecedor de ser el protagonista de su monografía que presentará hoy en la UCA, es un estímulo. Me dice que lo ha impulsado su evidente inclinación por la crónica deportiva y el haber seguido mis trabajos por un buen rato, lo cual agradezco.

Su sencillez, salta a la vista tan fácilmente como su deseo de llegar a ser alguien a través de esta tarea que apasiona y que obsesiona, a quien se entrega de cuerpo entero y con la mente abierta a su realización. Como todo en la vida, es un reto y Harold lo sabe.

Siempre he tratado de ser un libro abierto, es decir, sin ocultamientos sobre mi vida. Tan es así, que todo aquel que ha sido, o sigue siendo escucha de mi programa radial Doble Play, debe conocer mucho sobre mis pasos atravesando dificultades y saboreando satisfacciones, propias de una profesión que obliga al atrevimiento dentro de los límites trazados, como lo son las rayas de un campo en cualquier deporte.

Harold habló con gente que me conoce para formarse una idea más precisa sobre mi forma de ser y mi comportamiento. Aborda algunos puntos que expuestos a mi vulnerabilidad como ser humano, pese a combatir las imperfecciones con determinación, considero difíciles desde el punto de vista emotivo, y que están vinculados con lo familiar y lo laboral.

Repito, sin intentar incursionar en el terreno de la humildad, algo que siempre trato de evitar con el propósito de ser lo más auténtico posible, sobre todo conmigo mismo, no me considero merecedor del tipo de atención plasmada en este trabajo, pero Harold fue quien lo decidió, elaborándolo con singular aprecio.

Ojalá llegue a convertirse en el cronista deportivo que ha soñado ser. Los primeros pasos son los más complicados cuando se busca cómo abrirse paso en ruta hacia el establecimiento. El espacio para los nuevos egresados en comunicación, es cada vez más cerrado y exige de mayor determinación, más capacidad y algo de suerte, esto último, quizás lo que más me ha favorecido para poder haberme sostenido 46 años en el periodismo trabajando casi sin pausa.

Como se lo hago ver en estas líneas, es la pasión la que nos empuja a la dedicación, a la superación y la realización. Nunca hay que contentarse con solamente ser bueno. Así que, un agradecimiento profundo a este joven por su escogencia, el tiempo dedicado, y las líneas trazadas.

 

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