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Aquella noche del 14 enero de 1972, la apretada multitud que amenazaba reventar las cuatro paredes del Estadio Cranshaw perdió el habla y quedó seca al sentir detenerse su flujo sanguíneo por un momento. En una de las esquinas del ring, revisando la mano izquierda de Alexis Argüello, el Dr. Martín Flutsch dijo ¡No más! y el réferi suspendió el combate con el azteca Jorge Reyes después de seis bravos y bien peleados asaltos, con el suspenso flotando encima de todas las cabezas y una agitación incendiara cabalgado entre las butacas.

¡Qué noche aquella! De pronto, el Dr. Flütsch se había convertido en el gran protagonista. El explosivo flaco le suplicaba lo dejara continuar, uno o dos rounds más, pero el médico del ring fue implacable con su ¡No más! y la velada concluyó con la primera derrota de Argüello desde la decisión adversa frente a Oscar “Alacrancito” Espinoza el 26 de abril de 1969. Acertada decisión consideró el Dr. Jorge Granera, ortopeda de mayúsculo prestigio, quien dejó bien reparada “la chueca” del flaco.

El Dr. Martín Flüstch, miembro del Salón de la Fama desde el 2006, falleció el domingo. Estaba llegando a los 84 años después de funcionar largo rato como un eficiente pediatra de varias generaciones. Padre de cuatro hijos (Martín, Jennifer, Lobsang y Gunther), los dos primeros médicos, el mayor residiendo en Alemania y su hermana en Houston, Martín estudió y se graduó en México. Desde los tiempos de Wilsito, fue un apasionado por el boxeo y continuó como seguidor de Pambelé, de Kid Centella, de Kid Rayito, de Tony Huerta, de Eduardo “Ratón” Mojica y tantos otros, hasta desembocar a la orilla de Alexis Argüello, cobijado por la confianza del Dr. Eduardo Román.

Su sistema nervioso estuvo a la orilla del estallido, mientras las imágenes del canalero Ernesto “Ñato” Marcel se movían frente a las escopetas de Alexis, cargadas pero inutilizadas en el Gimnasio Nuevo Panamá, la noche del 16 de febrero de 1974. Enmudeció frente a la derrota, aunque meses después, el 23 de noviembre, intentaba saltar hacia el cielo festejando la conquista del flaco en el Fórum de Los Ángeles. Todavía en la mañana de ese día, en el Hotel Elks, se mostró pálido mientras Argüello subía a la báscula. “Necesito calmarme” se decía a sí mismo.

No sé si fue más feliz ejerciendo la medicina con sus pequeños pacientes o funcionando en el boxeo involucrándose en gestiones y comisiones de los grandes organismos, obteniendo aprecio y respeto. Su abnegada esposa Gloria María Caracas podría ofrecer la respuesta precisa a eso. Lo que fue obvio es que supo combinar sus preferencias para transitar por una vida agradable mientras construía la familia que seguramente soñó. 

Descanse en paz el Dr. Flütsch.

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