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Él nos sedujo con el hechizo de su fantasía, nos atrapó con su espectacularidad sin pausas, nos impactó con su mezcla perfecta de agallas y clase, provocó escalofríos mientras convertía lo inverosímil en rutina, nos asombro burlándose de las leyes de la gravedad ignorando a Newton, y siempre nos dio la impresión de haberse escapado del Bolshoi para deslumbrarnos con su juego interplanetario.

Jordan agotó todos los adjetivos con la cegadora brillantez de sus actuaciones... Él se abrió paso a través de las leyendas tejidas por Wilt Chamberlain y Bill Russell, por Kareem Jabbar y Julius Erwing, por Larry Bird y Magic Johnson, y se catapultó hacia un estrellato inalcanzable por cualquier otro mortal.

Es por esa sencilla y certera consideración, que en el momento de su último retiro, cuando el paso del tiempo que no perdona lo había acorralado y cuando el divino tesoro de la juventud se había desvanecido, nos preguntamos: ¿Cuándo veremos otro Jordan?

No tuvo límites

García Marquez diría que Michael Jordan había llorado en el vientre de su madre imaginando una cancha de baloncesto; que nació con los ojos abiertos buscando como detectar al compañero mejor colocado para entregarle un pase maestro; y que mientras le cortaban el ombligo intentaba levantarse en un salto preciso, como aquel del sexto juego de 1998 contra los Jazz de Utah, para una canasta milagrosa.

Mientras conducía a los Bulls de Chicago a la conquista de seis banderines, su desaforada imaginación fue siempre más allá del ingenio de la naturaleza y su magia, desde que salió de la lámpara, no tuvo límites. Durante años, Michael tuvo tantos trucos “debajo de sus mangas”, que pese a que todos parecíamos estar listos para lo imprevisible, siempre lograba sorprendernos.

Lo clave, ser útil

Cuando se retiró, en octubre de 1993, estando en plenitud de forma, cobijado por la fama, considerado un dios del deporte, estaba afectado por el fallecimiento de su padre... Después de fallar en su intento de convertirse en pelotero de Grandes Ligas, con sus herramientas intactas y un excedente de ansiedad, retornó a la trinchera para reactivar la superioridad de los Bulls, y en el inicio de 1999, siempre en la cima del Everest, anunció su segundo retiro dejando a la NBA sangrando otra vez y al mundo estupefacto.

En el 2001, cabalgando sobre “solo pretendo ser útil”, decidió regresar con los Wizzards de Washington, pero estuvo deslizándose por la pista del deterioro consecuencia de las lesiones... Tuvo tiempo y aliento para realizar un trabajo de arte y corazón y poder seguir mostrando destellos de su grandiosidad. No necesitaba más, pero la atracción que ejercía el baloncesto sobre él, derrotó a la prudencia y se lanzó a la hoguera tomando todos los riesgos... No pudo caminar descalzo sobre las brasas, pero llenó las tribunas y con su presencia, le inyectó mayor interés al juego.

Como dice el cronista del Miami Herald, Dan LeBatard, no hay silencio en el mundo más ensordecedor que el que surge después de toda una vida llena de ovaciones estremecedoras. Ahora que el mundo del baloncesto sigue triste por haberlo perdido, Michael Jordan lo sabe. En el tabloncillo él era capaz de derrotar al diablo con su improvisación, inspiración e intuición... Verlo jugar era tan admirable como las puestas del sol. Shhhhh, silencio por favor, el genio descansa.

Su metamorfosis

“Cuando Gregorio Samsa despertó de su inquieto sueño, se encontró convertido en un insecto”. Así comienza Franz Kafka su novela La metamorfosis, pero en el caso de Michael Jordan el proceso fue inverso... Al despertar, estaba convertido en el más grande “monstruo” del baloncesto mundial.

Nació en Brooklyn, Nueva York, cuando los Dodgers se habían marchado. Creció y estudió en Carolina del Norte, siendo el mejor jugador universitario 83-84... Firmó con los Bulls de Chicago y fue máximo anotador durante siete temporadas consecutivas entre 1987 y 1993, algo solo logrado por Wilt Chamberlain.

Impulsó a los Bulls a la conquista de títulos en los años 91, 92, 93, 96, 97 y 98, estableciendo una superioridad de ribetes espectaculares. Integró y jefeó el primero y más grande de los Dream Teams de la NBA, que ganó el oro olímpico en Barcelona 92.

Después de retirarse antes de la temporada del 94, regresó en la parte final del 95, y en el 96 volvió a dominarlo todo: Más Valioso de la Liga, del Juego de Estrellas, de los Play Offs, de la Final y Campeón por tres años consecutivos. 

Volaba y mataba

¿Qué fue difícil para Michael Jordan en una cancha? Mientras para nosotros, elaborar un ranking de sus proezas es terriblemente difícil, para Jordan fabricarlas parecía algo tan sencillo como un huevo de paloma. Cada una de sus “pinceladas” tenían de Picasso o de Dalí, lo magistral... En la NBA, Michael Jordan se sintió como Fidias, el arquitecto griego construyendo sobre la Acrópolis de Atenas, el Partenón, ese templo perfecto lleno de belleza clásica.

Qué emocionante fue para mí encontrarme en el palco de prensa del Palacio de los Deportes de Badalona, España, viendo en acción al famoso “Dream Team”, durante los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. Ahí estaba Jordan, con Magic Johnson, Larry Bird, Scottie Pippen, David Robinson, Karl Malone, Charles Barkley, Clyde Drextler y John Stockton convertidos en el ombligo del espectáculo... Pude ver cada día a ese equipo irrepetible, sin posibilidad de fotocopia, avanzar a la final y derrotar 117-75 a Croacia.

Apartense monstruos

Ser considerado el mejor de todos los tiempos es siempre un riesgo porque te coloca frente a las más encendidas discusiones… La inevitable comparación de Michael Jordan con los “monstruos” del baloncesto, lo coloca en ventaja según el criterio de los expertos. Jordan transformó el juego. Obligó a modificar sistemas de contención mientras derretía con su destreza, todo tipo de marcación. “El ¿cómo pararlo?, se convirtió en una ecuación sin solución”, dijo Pat Riley después del Juego de Estrellas de 1988.

“Viendo en acción a Jordan, uno pensaba que no había imposibles en una cancha de baloncesto. Él no tiene límites, ni tiene freno”, dijo el controversial Bobby Knight, agregando: “Hasta para Bill Russell hubiera sido un rompecabezas”. Existe una coincidencia de opiniones alrededor de la superioridad de Michael Jordan. Un fantasma, algo sobrenatural, un artista siempre inspirado, genial frente al lienzo, eso fue en todo instante este Jordan que sobrevivirá al paso del tiempo, como Babe Ruth, como Pelé, como Alí, como todos los “monstruos”.

  • 5 veces fue campeón de la NBA con los Bulls, cinco veces Más Valioso de la Liga, seis veces Más Valioso de la Postemporada.
  • 10 títulos de Campeón Anotador en la NBA. Estuvo en 14 Juegos de Estrellas, ganador de dos medallas de oro olímpicas.
  • 15 años estuvo en acción Michael Jordan en la NBA, 13 con los Bulls de Chicago y 2 con los Wizzards de Washington. 
  • 6.6 pies y pulgadas, la estatura de Michael Jordan, con 216 libras, nacido el 17 de febrero de 1963.

 

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