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Nunca antes lo extraño fue tan constante. Vimos un partido espeso y amargo, por largos ratos, enloquecedor. Lo ganaron los Indios 9 por 8, apartando telarañas que en ciertos momentos parecieron apretarlos contra el infortunio. Lo insólito y lo dramáticos caminaron abrazados entre el accionar confuso de dos equipos que se mantuvieron enredados con un beisbol frenéticamente disparatado. El sufrimiento que se multiplicó vertiginosamente un instante detrás de otro, impidió que el vencedor se sintiera satisfecho. Al caer el último out, no estaba claro de haber triunfado, excepto que la gran jugada defensiva de Darwin Sevilla en tercera salvando al Bóer en el cierre del noveno, fue considerada, en medio de lo caótico, otra rareza.

Cinco errores indios y dos del Rivas, fallas arbitrales en sentencias aparentemente sencillas que alteraron los nervios y la pizarra, la estrategia erosionando, la inseguridad flotando en todos los sectores del campo, los atrevimientos regalando outs, corredores atrapados bostezando en las bases, boletos, golpes, carreras producidas por ponches con bolas escapadas, meteoritos cayendo desde cualquier parte en el parque. ¡Qué locura en una montaña rusa de contradicciones más que emociones! No pueden decirme que fue un juego para disfrutarlo, sino para sufrirlo.

Teller golpeado temprano

Los Indios tomaron ventaja de 2-0 contra el zurdo Carlos Teller muy temprano, en el inicio del segundo inning. Un jonrón majestuoso de David Bergin y la combinación de tres imparables conectados por Karexon Sánchez, Janior Montes y Jesús López, estimularon al manager de la Tribu Julio Sánchez. Otro par de carreras en el cuarto episodio, cuando Teller perdió el control con dos boletos, López empujó a Sánchez con fly de sacrificio y Anderson Feliz con cuchillada llevó a Montes al plato, ampliaron 4-0 la ventaja india. 

Julio Sánchez sintió fortalecida su tranquilidad y fue en busca de una hamaca. Esta se rompió y el timonel cayó al piso estrepitosamente mientras el Rivas volteaba el marcador adelantándose 5-4. Errores del antesalista Karexon Sánchez y del short Frías, facilitaron dos carreras sureñas en el cierre del cuarto, en tanto el descontrol del abridor Jairo Muñoz y la fragilidad de Leiva como relevista, permitieron otras tres carreras. Ahora el Bóer estaba atrás 5-4. Jonrón solitario de Anderson Feliz en el séptimo, estableció transitoriamente un empate 5-5 con todos pendientes del próximo desastre.

El reino de la incertidumbre

Otro error de Frías en el fondo del séptimo, un robo de Campbell consecuencia de fallo equivocado, triple de Joseph y hit de Flores, proporcionaron al Rivas ventaja de 7-5, pero el Bóer  volvió a nivelar las acciones 7-7 en el octavo sacándole provecho a un error en fildeo de Jimmy. En el cierre con todos los sistemas nerviosos reventados, un error en tiro de Sánchez sobre batazo de De Caster abrió puertas para que el Rivas recuperara las riendas 8 por 7 dejando al Bóer contra la pared. Sin embargo, no todo estaba escrito. En el noveno, doble de Sandor Guido impulsó dos carreras y la pizarra volvió a girar 9-8 favorable a la Tribu.

Fue necesaria una extraordinaria atrapada de Darwin Sevilla sobre cepillazo de Ramón Flores con el empate circulando en el cierre del noveno, para evitar que el enloquecedor maratón de angustias se prolongara a extrainning. Pese a que el último batazo conectado por Omar Obregón fue hacia el pitcher, Sánchez de rodillas, imploraba al cielo no ser víctima de otra rareza. Obregón fue out, y el sol sonriendo con amargura frente al suplicio visto, recuperó un poco de su brillo y salió en busca de una hamaca para calmarse. Nosotros también.

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