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Tratándose del todopoderoso Real Madrid, un equipo calificado de auténtica realeza, armado hasta los dientes con muchos de los jugadores más buscados del planeta, supuestamente con todos los sectores bien cubiertos, y además, impulsado por el ruido y la furia de Cristiano Ronaldo, uno espera, más allá de los toques de distinción, ese alarde de impetuosidad destructiva que lo ha caracterizado. No importa quien sea el rival.

No es este un equipo para perder tres de sus últimos cinco juegos en la Liga, si hasta la décima jornada, aun entre discusiones, navegaba invicto casi sin permitir goles. Se le estaba exigiendo un futbol próximo a la perfección, pero se daba por un hecho que no perdería, hasta que el Sevilla lo golpeó y después el Barsa. Las llantas de su orgullo se desinflaron y aunque contra el Eibar y el Getafe dio la impresión de estar revitalizado, ayer volvió a tropezar frente al Villareal, como si su realeza fuera falsa.

Estocada de Soldado

Un inicio osado y bien jugado por parte del Villareal contó con el gol madrugador de Soldado en el minuto 8, aprovechando la entrega comprometida de Ramos a Modric, para una oportuna recuperación y un rápido trazado por parte de Bakambu hacia Soldado, quien rematando con su pierna zurda, agujereó a Keylor Navas. Previamente, Jonathan golpeó un poste con su disparo de derecha. Era muy temprano para preocuparse, pero el Villarreal sin ejercer la presión inicial, colocó sobre el tapete un dispositivo para quitarle agresividad y brillo al equipo de la realeza, terminando por oscurecerlo, lenta y dramáticamente.

No fue el Madrid un equipo inutilizado, pero sí errático en la definición, carente de salida clara y conseguir la rima poética necesaria para funcionar colectivamente. Benzema tuvo tres grandes oportunidades que malogró, Bale y James se esforzaron para fabricar espacios y meter pelotas, en tanto Cristiano, rozando la desesperación, se vio en un campo minado.

Chance malogrado

La pérdida de dos puntos por parte del Barcelona frente al Deportivo La Coruña era un factor estimulante para el crecimiento del Real Madrid, con posibilidad de acercarse a dos pasos de vencer al Villarreal. Agreguen la exigencia que planteaba el aterrizaje en la cima del Atlético de Madrid, con 35 puntos igual que el Barsa, consecuencia de su victoria por 2-1 sobre el Bilbao, gracias al gol del imparable e incansable Griezman. Asegurar los tres en disputa le garantizaba 33 al Madrid, involucrándolo en un apretado nudo.

Nuevamente, el medio campo estuvo falto de creatividad aún con los ingresos de Isco y Kovacic en la recta final, y los cuatro minutos de reposición se consumieron entre la niebla. El ataque de la realeza, sin lámpara para guiar sus pasos, se perdió en la maleza de su accionar improductivo. Con ese personal y sus obvias proyecciones, que difícil es asimilar estas derrotas.

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