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  • EFE

Toneladas de escombros procedentes de los escándalos de corrupción y dopaje que afectan a la cabeza de la IAAF y a grandes potencias, ocultaron este año la nueva gesta del jamaicano Usain Bolt, cuyo nuevo triplete en Pekín se pierde entre la espesa polvareda.

En su regreso al estadio de El Nido, escenario de su explosión olímpica siete años antes, Bolt volvió a ser el rey, como en los Mundiales de Berlín 2009 y Moscú 2011. Llegó con ocho medallas de oro, empatado con Carl Lewis, y se fue con tres más que el “Hijo del Viento” tras conseguir el cuarto triplete en grandes campeonatos.

Pero, no bien cayó el telón de los Mundiales, el atletismo empezó a echar tierra sobre su ya deteriorado crédito. La corrupción y el dopaje invadieron el mismísimo despacho del entonces presidente de la IAAF, el senegalés Lamine Diack, acusado de aceptar dinero a cambio de ocultar positivos de atletas rusos.

El juez anticorrupción francés Renaud van Ruymbeke registró el 3 de noviembre la sede de la IAAF en Mónaco e imputó a Diack, que había dejado la presidencia con 82 años, y a su consejero jurídico Habib Cissé. Ambos quedaron en libertad bajo control judicial. Diack fue expulsado también como miembro honorario del COI.

Surgen dudas

Con el expresidente procesado por corrupción, la sede monegasca de la IAAF registrada por la Policía, la Federación Rusa suspendida por alentar un dopaje sistemático y el atletismo keniano en el disparadero tras arrojar nuevos casos positivos, el panorama atlético que se ha encontrado el nuevo presidente, Sebastian Coe, no puede ser más desolador.

El propio Coe, exitoso organizador de los Juegos de Londres 2012 y el hombre llamado a regenerar el atletismo, ha sido objeto de críticas por su presunto apoyo a Eugene como sede de los Mundiales del 2021. La ciudad estadounidense es la casa matriz de Nike, multinacional de la que Coe era embajador y de la que cobraba —hasta su reciente renuncia— 150,000 dólares anuales.

La cúpula de la IAAF ha cerrado filas en torno a su nuevo presidente, al que se arriman para capear el temporal. El nuevo tesorero, el español José María Odriozola, piensa que Coe es “el único que puede sacar a la IAAF de este tremendo atolladero”.

Señalados

Kenia, primera potencia de los Mundiales de Pekín en el medallero, sigue arrojando signos que apuntan a prácticas extensivas de dopaje. La última en caer ha sido Emily Chebet, doble campeona mundial de cross, que ha sido suspendida cuatro años por el uso de sustancias prohibidas, igual que otros seis compatriotas de menos renombre.

La Asociación Profesional de Atletas Kenianos ha reconocido que el dopaje es “un problema real” en este país y que las autoridades “no le están prestando la atención que merece”.

En los Mundiales de Pekín, siete medallas de oro en disciplinas tan dispares como el fondo, las vallas, los obstáculos o los lanzamientos, convirtieron a Kenia en la primera potencia. Estados Unidos terminó en un tercer puesto no menos sorprendente.

Kenia empató en medallas de oro —siete— con la Jamaica liderada por un Bolt “inhumano” que sigue contando los oros de tres en tres. Los triunfos de Nicholas Bett en 400 metros vallas y de Julius Yego en jabalina fueron los éxitos más sorprendentes del equipo keniano, que dejaron en un segundo plano la suspensión por dopaje de dos de sus velocistas, Koki Manunga y Joyce Zakary.

En la sombra

Por primera vez en 24 años, el país dominador del cuadro de metales no fue Estados Unidos, que había liderado la lista de medallas en las cinco ediciones anteriores, ni Rusia, dos potencias que han repartido ese puesto de honor con la única excepción de las dos primeras ediciones, dominadas por la antigua Alemania oriental.

Si el retroceso de Estados Unidos fue notable en El Nido pequinés, la caída de Rusia adquirió dimensiones de auténtico descalabro. En el ojo del huracán por las sospechas de dopaje masivo y sistemático, el equipo ruso, que había sido segundo en casa dos años antes, se despeñó hasta el noveno puesto, sostenido a duras penas por el vallista Sergey Shubenkov y la saltadora de altura Maria Kuchina, sus dos únicos campeones en Pekín.

El estadounidense Ashton Eaton logró en único récord mundial de Pekín 2015 (9,045 puntos en del decatlón, seis más que el suyo anterior), aunque su gesta pasó casi inadvertida ante el revuelo que levantó Bolt ese mismo día, en que, como último relevista de Jamaica, remató un triplete ya casi rutinario (100, 200 y 4x100).

El récord de Eaton le sirvió también para ser proclamado atleta mundial del año en compañía de la etíope Genzebe Dibaba, campeona y plusmarquista mundial de 1,500 metros (3:50.07). Esta vez no hubo Gala en Montecarlo. Coe la canceló, considerando que el atletismo no está, precisamente, para fiestas.

También brilló en Pekín el británico Mo Farah, que logró su cuarto doblete consecutivo del fondo con sus victorias en 5,000 y 10,000 metros, como en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, en los Mundiales de Moscú 2013 y en los Europeos de Zúrich 2014.

Apenas han transcurrido tres meses de aquellas exhibiciones en El Nido y ya se han visto relegadas a un remoto rincón de la memoria por la sucesión de escándalos. Coe tiene un trabajo ímprobo por delante para rescatar al primer deporte olímpico a ocho meses de los Juegos de Río.

  • 9.045 puntos logró el estadounidense Ashton Eaton en Pekín, estableciendo un récord mundial, que le pertenecía a él con seis puntos menos.
  • 150 mil dólares cobraba anualmente Sebastian Coe a la empresa multinacional Nike, de la que era embajador. 

  • 3 preseas doradas consiguió el jamaicano Usain Bolt en los Mundiales de Atletismo de Pekín (100, 200 y 4x100 metros).

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