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Noventa minutos separan a la UNAN-Managua de lograr su primer título de campeón del Torneo de Apertura de la Primera División. El mismo tiempo tienen los Caciques del Diriangén para tratar de revertir el 0-1 en contra y darle un campeonato a su afición, que cumplirá diez años sin celebrar un título.   

Esta noche (7:00), universitarios y diriambinos se citarán en el Estadio Nacional de Futbol para protagonizar el último duelo de la gran final. El primero, con el aliciente de ser local y tener la eliminatoria adelantada con una mínima ventaja, que podría ser suficiente para coronarse.

El otro, obligado a convertir goles y evitar que les marquen para aspirar al título. A como pinta el panorama, el Diriangén no tiene mayor alternativa que proponer y arriesgar para lograr su cometido. Debe hacerlo con orden táctico, sin caer en desesperación y manteniendo el margen de error. Un descuido, tal como en la ida, podría ponerle sello a la final.

No por suerte la UNAN llegó a estas instancias. Los académicos cumplieron sus asignaciones en la temporada regular y en semifinales desplegaron un juego inteligente, aprovechando las libertades de sus oponentes, y sacaron altas calificaciones. Los universitarios tienen las credenciales suficientes para ser considerados una amenaza inminente, en la que no se puede confiar.

Tienen armas

Caciques y UNAN alcanzaron la final como equipos “sorpresas”. Cada uno se encargó de eliminar al Real Estelí y Walter Ferretti, respectivamente. La inédita eliminatoria entre los “no favoritos” posiblemente no generó tanta expectativa como lo hubiesen hecho norteños y rojinegros. Sin embargo, en el partido de ida demostraron que el papel de finalistas les quedó perfecto.

Varios factores hacen de la final del Apertura una etapa digna de seguir. Diriangén y UNAN demostraron que pueden dar buen espectáculo, son clubes con ADN ganador, saben proponer, tienen elementos rápidos que llegan constantemente al marco del contrario, arqueros que pueden ser protagonistas con grandes atajadas y directores técnicos que en el ejercicio de coronar una buena temporada mueven sus fichas como maestros de ajedrez.

Por las mismas circunstancias, el Diriangén no contó con Carlos ‘Chino’ Torres en la ida y los académicos no tendrán a Jonathan Donado esta noche. Por acumulación de tarjetas, el autor del único tanto en Diriamba y posiblemente el jugador más determinante de la UNAN verá a su equipo luchar desde las graderías. Caso contario para los Caciques, que esta vez tendrán a una de sus mejores contrataciones de este torneo: el argentino que acabó con las aspiraciones del Estelí.

Son de cuidado

“Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”, reza una de las populares frases del exastro de futbol Alfredo Di Stéfano (q.e.p.d.). Ciertamente en la comunión que logran establecer los jugadores de un equipo, ligado a las cualidades de cada futbolista, tendrán mayores posibilidades de alcanzar el éxito. Sin embargo, casi siempre hay un jugador que funge como el líder del grupo, alguien que da el cambio de ritmo y que se pone la estafeta de orquestador.

Tal es el caso de David Solórzano en el Diriangén, el veterano capitán que peleó cada balón en el partido de ida, consumiendo su tanque de oxígeno sin importarle el desgaste, dispuesto a dejar la piel en el campo por su equipo. Otros como Juan Carlos Urbina, Lucas Carrera o Andrés Giraldo son jugadores de cuidado, capaces de facturar una jugada de peligro si se les permite la mínima libertad.

En la UNAN, Luis Fernando González llegó a establecerse como un líder. La responsabilidad de cubrir el área que defiende el guardameta Oscar Palomino lo obliga a exigirse y ha lucido bien. Henry García, José Carrión y Eliud Zeledón le dan peso al plantel universitario, y hoy más que nunca deben hacerse sentir.

Serán noventa minutos “in extremis”, noventa minutos para que los aficionados de ambos equipos se muerdan las uñas, suden, griten apoyando a su club y disfruten la fiesta de la final. 

 

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