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  • El Nuevo Diario

“Con los genios no se puede”, fue el título del diario deportivo argentino OLÉ, en referencia a la rotunda victoria del Barcelona sobre River Plate por 3-0 en la final del Mundial por equipos realizada ayer en Yokohama, Japón. Los cálculos previos fueron directos: pese a la asombrosa presencia de casi 15 mil incansablemente ruidosos argentinos en las tribunas, River solo podía aferrarse a la posibilidad de un milagro futbolístico para impedir que este Barsa, con o sin Messi, se coronara. Pero no hubo milagro. Una estocada de Messi con pierna izquierda y dos de Luis Suárez, derechazo y cabezazo, sentenciaron el partido. Aún admitiendo que River dispuso de dos oportunidades claras para marcar, atajada de Bravo neutralizando golpe de cabeza realizado por Lucas Alario, y taponazo de Gonzalo Martínez arañado por el arquero que se estrelló en el poste, el Barsa pudo ganar con mayor amplitud. Tres veces, Messi tuvo oportunidad de un segundo gol y Neymar debió haber marcado por lo menos uno.

UNA SIMPLE EXPLICACIÓN

La diferencia entre los equipos europeos y los suramericanos es cada día más grande. De aquella feroz competitividad vista en los años 60 y el inicio de los 70, cuando Peñarol, Santos, Independiente, Estudiantes, Racing, le ganaban finales a los poderosos de Europa, no está quedando nada. Incluso el Santos de Neymar se quedó muy corto frente al Barsa de Messi, tanto, como este River Plate, nada que ver con aquella “Máquina” de Moreno, Pedernera, Labruna, Lostau y Muñoz.

Hoy, ese paralelogramo de fuerzas equilibradas no existe. No por culpa del Banco Mundial, del FMI y tantos otros organismos financieros, el dinero se metió a la cancha y desarmando a los equipos de América de sus mejores pilares, cambió bruscamente la relación. No es posible imaginar al Santos sin Pelé, Coutinho, Dorval, Mengalvio y Pepe, ganando dos veces consecutivas el Mundial de Clubes, como tampoco a aquellos equipos de Uruguay y Argentina, volando tan alto frente a los europeos y conquistando coronas. Cuando eso se acabó, estos torneos se convirtieron en unilaterales, como lo demostró la ventaja en las apuestas 12-1 del lado azulgrana.

LA DIFERENCIA PREVISTA

Ocurrió lo obvio. La superioridad del Barcelona en posesión de balón, recuperaciones, regates, pases precisos, incursiones al área y presión ejercida, llegó a ser abrumadora. Cierto, el equipo de Luis Enrique esperó 36 minutos para quebrar el hielo con el gol de Messi, un toque artístico que necesitó aparentemente de la ayuda del brazo, pero era algo que todos veían venir. River mostraba atrevimiento pero la cancha parecía pequeña para poder trazar bien su juego, y la sección de ideas era recortada drásticamente por esa facilidad para el anticipo que caracteriza al Barsa.

Un equipo como el azulgrana, que puede reunir al mejor jugador de Argentina, el mejor brasileño, el mejor uruguayo, varios de los mejores de España y otras partes, no puede ser sorprendido por un equipo, aunque se le conoce como “Los millonarios”, es financieramente pequeño y consecuentemente incapaz de grandes contrataciones y hasta de retener sus mejores valores en caso de ser perseguidos. Para River, era un reto a lo imposible. Todos lo sabíamos, y el 3-0 se ve prudente, no correspondiente a la brecha existente entre estos dos equipos. En situaciones así, no hay forma de forzar milagros.

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