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Una misión hasta hoy imposible, le plantea un reto tan gigantesco como mover montañas a los dirigentes del deporte nicaragüense: el montaje de los Juegos Centroamericanos, cuya sede se ganó en Costa Rica, en un tiempo que era lo suficientemente ancho, y que por ahora nos parece inmemorial. Ese tiempo ha estado pasando desgastándose, con el proyecto del evento aproximándose vertiginosamente a un punto que podría llegar a ser considerado neurálgico. Sin embargo, el presidente del Comité Olímpico Nicaragüense (CON), Emmett Lang, plenamente consciente de estar batallando contra reloj, se atreve a golpear la mesa en las puertas del 2016, y gritar: ¡Se harán!

A pocos días de la Asamblea de Ordeca el 15 de enero, sin fijar la fecha de esos Juegos y cuyo costo podría rozar los 25 millones de dólares, la más pequeña cifra que se recuerde en el área pese a la necesidad de habilitar instalaciones, Emmett, recientemente estimulado por el reconocimiento de Odesur en Lima, confía en que todas las fuerzas involucradas (Alcaldía, Instituto, Comité Olímpico, Federaciones y otros apoyos) se encuentran despiertas y listas para darle forma a esos Juegos soñados desde los años 70, cuando la sede fue conseguida por primera vez, inútilmente.

A pisar el acelerador

El mayor inconveniente es la falta de infraestructura. Alertado sobre la necesidad de pisar el acelerador, el Gobierno se ha mostrado interesado por medio de la Alcaldía, en entrarle de lleno al nuevo Estadio Nacional de Beisbol que sería escenario de la ceremonia inaugural, la modernización del gimnasio Alexis Argüello que ya está en marcha, la construcción de una piscina de 50 metros, otra de 25 y el sitio para los clavados, hacer realidad el sueño de un gimnasio nacional con capacidad para siete u ocho mil personas, que sería construido en el plazo de un año, canchas para balonmano y volibol en los terrenos del IND y agregar una de tenis en el Luis Alfonso Velásquez. Según el ejecutivo del Comité, José Luis Huete, la relación con las federaciones está funcionando muy bien y la asistencia técnica está asegurada por medio de contactos internacionales, la cooperación que ofrece el programa Solidaridad Olímpica y los convenios que Emmett ha estado realizando, más el aporte que se obtiene en casa. Hay cuatro de
portes con un paso adelante como son el boxeo, la lucha, el atletismo y las pesas. Por supuesto, el apoyo financiero a los esfuerzos de cada federación es esencial.

Emmett habla de un proyecto global “Azul y blanco”, por encima del montaje de estos Juegos del 2017, pensando en mostrar una superación del deporte casero en el exigente concierto olímpico, y se refiere a la concentración de esfuerzos en atletas de alentador nivel competitivo como el púgil de los 48 kilos, Kevin Vivas, y figuras cumbres en los deportes de combate, que proporcionan medallas. 

Hay que salir del hoyo

¿Cuál es la pretensión pinolera en los Juegos del 2017? La dirigencia del Comité Olímpico piensa en saltar al tercer lugar retomando el lugar conseguido brillantemente en 1990, consecuencia de un trabajo muy bien elaborado en cada una de las disciplinas. Aquella actuación fue una seria advertencia para el resto de Centroamérica, pero por falta de seguimiento todo se derrumbó, y nos hemos resignado a superar discretamente a Belice en el 2010 y el 2013. Es un buen momento para ensayar la restauración de nuestro deporte, aunque no sea como la del “David” de Miguel Ángel, es decir como aquella que fue ruidosa entre 1986 y 1990, aunque buscando ser una aproximación.

Frente a la montaña de responsabilidades que implica la organización de los Juegos del 2017, y consciente de ser dependiente de tantos aportes, Emmet Lang está mirando el reloj queriendo detener sus agujas por un momento lo suficientemente largo para sentirse seguro. Pese a eso, no titubea al decir “los Juegos se harán”, sin agregar, contra vientos y mareas.

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