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Rumbo a los 29 años, con 10 de experiencia en el boxeo profesional realizando 44 peleas sin conocer la derrota, ganador de tres coronas mientras provocaba una gran impresión con la versatilidad, fiereza y contundencia de su accionar entre las cuerdas, las venas de Román “Chocolatito” González no se han hinchado, ni sus nudillos se han aplastado, ni se observan señales de cansancio. Así que sigue siendo joven y abriendo surcos, diría Jack London. El muchacho está listo para mucho más de lo que ha logrado, emocionándonos, asombrándonos.

NO TAN LEJOS DEL CIELO

La grandeza de un pequeño es admirable. Eso pensé cuando este año, “Chocolatito” fue colocado como número uno en el ranking libra por libra. Un pinolero valorado como el mejor de todos los púgiles del planeta. ¡Uhhhh! Fíjense, se trata de una evaluación hecha más allá de nuestras fronteras, y que además, supera nuestra imaginación. Nos sentimos en el mejor de los tiempos, en la edad de la sabiduría.

Seguramente, “Chocolatito” también se vio sorprendido. Muchas veces el cielo parece estar tan lejos de nosotros, que no hay manera de aproximarse, pero de pronto, nos sentimos catapultados hacia las estrellas, y tanto Román como nosotros lo estamos disfrutando, gracias a él. Es por eso que cuando llegó el momento de precisar ¿quién el boxeador del año?, lo vimos como la posibilidad más viable. Tres victorias, todas por nocaut, su permanencia como invicto, esa gama de recursos que parece multiplicar sus habilidades, y el máximo reconocimiento, lo convertían no solo en el gran aspirante, sino en “algo casi seguro”. No fue así.

¿CÓMO EXPLICAR ESTO?

No hubo titubeos entre los que manejan el boxeo en ESPN en español para señalar al nicaragüense, pero en el abanico de opiniones, posiblemente más calificadas de ESPN.com, el seleccionado como peleador del año fue el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez, con Golovkin segundo, Mayweather tercero y el todavía excesivamente intrigante Tyson Fury como cuarto. “Chocolatito”, sin explicación, fue deslizado hasta la quinta posición.

Lo extraño, y para muchos inad- misible, es que los mismos argumentos utilizados para otorgarle a Román el reconocimiento como mejor libra por libra, revisando sus actuaciones en este 2015, cerrando con su ruidosa victoria sobre Brian Villoria, no tuvieron la misma incidencia en la evaluación de peleador del año. Más extraño es que “Canelo”, a quien no solo yo lo considero perdedor en su última batalla con Miguel Cotto, haya sido elevado tan alto, pese a reconocer el impacto de su nocaut contra Kirkland.

LA CULPA DE SER PEQUEÑO

Esa sobrevaloración de Álvarez es arbitraria, más que injusta, y demuestra que la vieja subestimación por los peleadores pequeños sigue siendo incidente entre excepciones o ciertos “lapsus”. Es cierto que la escasez de grandes boxeadores en el momento actual dificulta casi todo, pero no es necesario utilizar una lupa para captar la brillantez de Román, independientemente que sus rivales no alcancen niveles de exigencia como los de antes. Estamos viviendo el presente, ni modo.

Negarle grandeza a un pequeño que la ha conseguido a pulso es imperdonable. Ni “Canelo” ni Golovkin podían retarlo con sus ejecutorias. Menos mal que no hay forma de evitar la proyección de Román con el material para retarlo que se encuentra disponible. De manera que, mientras fabrican algún robot de 112 libras, capaz de golpearlo y doblegarlo, eso está más allá de las consideraciones de cualquier panel de expertos, incapaces de cambiar el presente en todas las categorías.

 

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