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Se impuso el Rivas 2-1 en el maratón de las angustias con un hit de Jimmy González impulsando a Ramón Flores en el fondo del inning 16, cuando todos los alientos estaban por desfallecer. Hit de Flores, machucón de Obregón que desequilibró al pitcher Téllez intentando sacarlo out y el cohete de Jimmy, le pusieron fin a un partido que parecía extenderse por toda la eternidad.

Aunque las alarmas permanecían encendidas, todo lo que se intentaba, era inútil. Estábamos en manos del azar, no de la lógica. La cadena de ceros después del 1-1 establecido en el primer inning, certificaba un suplicio interminable. Desde el hit de Yeicok Calderón en el décimo, que Britton entró a interceptar para disparar al plato y sacar out a Sevilla con la estupenda acción defensiva del cácher Allen, nada funcionó para alterar la pizarra. Ni los toques, ni los swings libres, ni los intentos de robo, ni los amagues, ni las malas miradas, excepto el hit de Jimmy, cuando las esperanzas de cada lado estaban derretidas.

Se sentía el aire de un partido alegre. Y pese a semejante alargue agotador, lo fue. El Bóer pegó primero en el propio arranque adelantándose 1-0 por doble abridor de Vladimir Frías, una cuchillada por la raya de tercera base, sorprendente sacrificio de Jilton Calderón que provocó un tiro alto de Teller a primera dejando corredores en las esquinas, y hit impulsador de Anderson Feliz. Sacudiendo su cabeza, el aturdido Teller sacó en un out difícil a Yeicok Calderón y raramente, Juan Carlos Urbina fue enviado a tocar, facilitándole a Teller un segundo out tranquilizante a cambio del avance de los corredores a segunda y tercera. Acto seguido, Bergin volvió a derretirse ponchándose y la arremetida india quedó reducida a una carrera.

Rápidamente, Rivas contragolpeó en el cierre frente a un flaqueante Guerrero que boleó a Obregón y golpeó a Jimmy sin out, y después de eliminar a los temidos De Caster y Mateo, dando la impresión de enderezamiento, fue victima de cohete empujador del oportuno Luis Allen. El zurdo Guerrero boleó a dos en el segundo, pero fue rescatado por un doble play, y en el tercero, otro doble play a continuación del boleto a Yurendel, borró el peligro.

Aunque solo admitió dos hits en cinco entradas, la marcada tendencia al descontrol de Guerrero cediendo cinco boletos y golpeando a Jimmy, obligó a Julio Sánchez a retirarlo antes del turno al bate sureño en el sexto, entregándole la responsabilidad de evitar que el partido se descarrilara a Darrel Leiva, quien respondió colgando un cero ignorando el hit abridor disparado por Rubén Mateo. Facilitarle el primer out con el sacrificio de Luis Allen, fue aprovechado por Leiva para dominar manteniendo el 1-1 en la pizarra.

El relevo de Leiva fue lo suficientemente consistente a lo largo de cuatro entradas para atornillar el bateo de los Gigantes, mientras el zurdo Teller se estiraba hasta el octavo estimulado por su control y dominio bajo presión, antes de ser reemplazado por Kevin Gadea, un pícher de 1.31 en efectividad a lo largo de 20 entradas, habitual factor de seguridad para Germán Mesa. A la altura del octavo, con ese 1-1 grabado en mármol, la intriga sobre el desenlace del partido parecía estar hirviendo en el ombligo de un nerviosismo mastica uñas.

En el décimo, después del gran out en el plato logrado por Britton con su disparo y el complemento del receptor Allen controlando la pelota desviada y lanzándose por el corredor Sevilla, entró Junior Téllez por Darrel Leiva. Tantas opciones malogradas en los innings extras, mantuvieron al público erizado dentro de una espesa expectación, pendiente de lo imprevisto, cruzando los dedos. Como apuntamos, los intentos estratégicos se frustraban uno tras otro casi vertiginosamente, mientras los ceros continuaban apareciendo como testimonio de una inutilidad ofensiva que daba la impresión de ser interminable. Algo así como un suplicio sin fin, hasta que Jimmy conectó su hit matador.

 

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