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El Oriental sacó de las ruinas un partido que perdía 4-0 en el cierre del octavo, convirtiéndolo en una significativa victoria por 5-4, y sigue proyectado en busca del liderato de la serie regular, sin descartar la posibilidad de un juego extra con Chinandega, vencido por el Rivas. La derrota sepultó las débiles esperanzas indias de intentar una proeza como cortarle las cabezas a la Hidra de Lerna.

¡Que contraste más brutal y borrando una falsa impresión! El Bóer se veía tan crecido con esa ventaja de 4-0 y el Oriental tan frito frente al pitcheo de Marcos Frías, que no se esperaba un derrumbe tan estrepitoso con seis outs pendientes, pese a que muchos antecedentes obligaban a los seguidores de la tribu a mantener sus barbas en remojo. Pero fue exactamente eso lo que ocurrió. Aprovechando un descontrol alarmante que otorgó cuatro boletos con el agregado de un wild, y asestando las estocadas de Juan Carlos Torres y Renato Morales, los “Tiburones” hicieron girar la pizarra y dejaron en llamas el campamento indio.

LLEGÓ TARDE AL FINAL DE SU CALVARIO

Aún, aparentemente mutilado en su entusiasmo como lo demostró llegando tarde y con cara seria al estadio, y presentándose recortado a escuchar el himno, el Bóer se fajó bravamente durante siete entradas sosteniendo un intrigante aunque no dramático 0-0, antes de adelantarse por 4-0 aprovechando un error que facilitó tres carreras en la recta final y un hit profundo de Sandor Guido. Sin embargo casi de inmediato, se vio borrado grotescamente.

Ese equilibrio de siete ceros fue quebrado drásticamente en el inicio del octavo por un mal tiro a tercera del pitcher relevista oriental José Villegas, tratando de forzar el out de Arnol Rizo, que parecía dibujado sobre el cómodo toque de bola realizado por Anderson Feliz con dos a bordo. La pelota fue hasta el rincón del jardín izquierdo, anotando Rizo y Vladimir Frías, en tanto Feliz se extendió hasta tercera, anotando con el elevado de Jilton a los bosques frente al pitcheo de Juan Pablo López. El imprevisto 3-0 logrado tan rápidamente golpeó a la multitud en Granada, agregando otra herida con el hit impulsador de Sandor, estableciendo el 4-0 que por un momento pareció ser lapidario. ¡Que ilusos somos tratándose del Bóer!

INESPERADO FLAQUEO DE FRÍAS

En ese octavo inning, Julio Sánchez no titubeó en confiar en el brazo de Frías. El derecho había retirado a los últimos diez hombres ponchando a tres de los recientes cuatro. Así que no había forma de dudar. Seguramente Sánchez le preguntó si se sentía en forma para continuar y un Frías, estimulado, le debe haber respondido que sí. La base por bolas al octavo bate Moisés Flores fue una señal de alerta para el mánager, y la segunda consecutiva al emergente Onel Linares quizás debería haber sido la gota que derramaba el vaso. No fue así, y aún con un lanzamiento wild, otra señal de fragilidad, Frías permaneció. La tercera base por bolas a Ofilio, después del roletazo productivo de Campusano, sí obligó a Sánchez a llevárselo, aunque nuevamente el bullpen indio, con los brazos de Darrel Leiva y Fidencio Flores gimiendo, naufragó. La cuchillada de Juan Carlos Torres y la estocada limpia bases de Renato Morales cambiaron el “cadáver”. El muerto resultó ser el Bóer.  

En el momento final de drama, me pareció que el Bóer quiso dejarnos un triste recuerdo imperecedero de lo que realmente fue durante el transcurso de torneo: un equipo inseguro, de rendimiento irregular, expuesto a constantes contrastes, nada que ver con el que estaba logrando una hermosa victoria, con todos sus sectores funcionando. Es decir, la Tribu no quiso dejar una falsa imagen al tirar la toalla.

 

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