Alejandro Sánchez S.
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¿Quién hubiese apostado al inicio de la Liga de Beisbol Profesional Nacional que el vigente campeón quedaría eliminado y que el subcampeón tendría que llegar al límite del calendario para clasificar a semifinal? Seguramente son pocos.

El Bóer, que cada edición llega con la etiqueta de favorito para disputar la final, y los Gigantes, que desde su debut en la temporada 2013-14, en la que fueron campeones, mete miedo por la calidad de jugadores que integran su plantel, fueron desnudados por los “no favoritos”, que podrían enfrentarse en una hipotética final.

El Oriental tocó el cielo, se quitó los prejuicios de temporadas anteriores, en las que no tuvo plomo suficiente para aspirar a una final. Los sultanecos borraron la imagen del tímido equipo que la campaña anterior naufragó en el sótano de la tabla de posiciones y ahora espera cómodo para conocer a su rival en la final, que saldrá de la serie que disputarán Tigres y Gigantes, a partir de mañana.

¡Vaya lección la que dieron los Tigres y el Oriental! Sin tanto alarde y con más agallas, animaron la fiesta beisbolera en la temporada regular y podrían extenderla en la final, siempre y cuando los occidentales superen en la semifinal a Rivas, serie que ciertamente genera una enorme expectativa.  

 

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