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Ya lo hemos dicho, pero vale la pena repetirlo un día como hoy, previo a la apertura de las boletas para ingresar al Salón de la Fama 2016, lo que necesita, por lo menos el 75 por ciento de los votos: ¿Se imaginan la primera escogencia en 1936 con tantas fieras disponibles? La abundancia complica enormemente, incluso a los que tengan cerebros más iluminados y corazones más fríos. Podían haber sido seleccionados 25 o más, pero solo fueron 5 con Ty Cobb superando a Babe Ruth, mientras Honus Wagner, Walter Johnson y Christy Mathewson completaban la más lujosa promoción de todos los tiempos.

No hubo unanimidad. Ty Cobb obtuvo el 98.2 por ciento de los votos, en tanto el inmenso Ruth se conformó con el 95.1, igual que Wagner. Desde entonces, en un trayecto de 73 años, podés acercarte a la unanimidad, pero no tomarla. Ese es un trabajo que Hércules hubiera dejado pendiente, por ser más difícil que cortar las cabezas de la Hidra de Lerna.

Griffey y sus cifras

Hoy, Ken Griffey Jr., primera selección del draft de 1987, escogido por los Marineros de Seattle, estará danzando sobre el tapete de las consideraciones. Con 630 jonrones pese a los recortes por lesión, un total de 2,781 imparables y 1,836 carreras impulsadas, Griffey, instalado como Más Valioso en 1997 y segundo en 1994, con 10 Guantes de Oro y 13 presencias en Juegos de Estrellas, además de ser un fildeador efectivo y espectacular, podría ser una tentación para una nueva generación de periodistas votantes que han dejado atrás la rigurosidad de los veteranos, varios de los cuales, sobreviven crayón en mano.

Es muy difícil que se le otorgue la unanimidad a Griffey, pero la expectativa está ahí, rascando nuestras espaldas. Por lo que he leído de algunos columnistas, hay quienes piensan ¿por qué no? Independientemente que los más grandes “monstruos” no lo consiguieran. Lou Gehrig pudo serlo en 1939 año de su retiro, pero tampoco lo logró, y más adelante Tom Seaver, Nolan Ryan y Cal Ripken amenazaron seriamente, pero también fueron recortados.

Seaver y Ryan

La más grande aceptación de todos los tiempos la obtuvo en 1992, con 98.84 por ciento, el astro derecho Tom Seaver, quien brilló tan intensamente como Las Vegas en el desierto, lanzando para los Mets de Nueva York y los Rojos de Cincinnati, antes de ser enviado a los Medias Blancas y cerrar con Boston. Siete años después en 1999, el lanzador de meteoros Nolan Ryan se elevó tambien a 98.80 en porcentaje.

Un detalle de interés mayúsculo: Seaver, ganador de 311 juegos con 2.86 en efectividad a lo largo de 20 campañas, dueño de tres Cy Young, Novato del Año en 1967, capaz de ponchar a 3,640 realizando una faena macabra de 19 en un juego, y forjador de un no hitter, hubiera podido registrar 99.5 por ciento, si no se ve perjudicado por tres boletas entregadas en blanco, en protesta por la sanción a Pete Rose.

Con ese antecedente, cuando Ryan tomó su turno en 1999, la expectación creció al máximo. ¿Sería el primero de escogencia unánime? El ganador de 324 juegos que nunca obtuvo un Cy Young, pero ponchó a 5,714 adversarios dejando un reguero de “cádaveres” en el cajón de bateo, que construyó siete juegos sin hit ni carrera, agregando 12 de solo un imparable, estableciendo la marca de 383 ponches en una temporada, superando por uno a Koufax, parecía estar avanzando hacia la unanimidad por el arcoíris de la grandiosidad, pero no lo logró.

Ahora el turno al bate es para Griffey Jr. ¿Podrá? Lo dudo.

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