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Llegando al aposento de los Tigres de Chinandega, el bullicio de las trompetas provocaba éxtasis a los occidentales que estaban ubicados en sus butacas para presenciar el primer partido de la serie playoff  de la XI Liga de Beisbol Profesional Nacional (LBPN), en el que el venezolano Raúl Ruiz intercambiaría disparos ante el zurdo Carlos Teller, de los Gigantes de Rivas.

En las graderías, las beldades chinandeganas exhibían su impresionante belleza con las mejías pintadas de negro y blanco, colores que porta el uniforme de su sagrado equipo, al que indudablemente manifestaron todo su apoyo para conseguir la primera victoria de esta gran batalla.

Eran las cinco de la tarde y desde los parlantes se escuchó un fuerte grito del animador: ¡Viva Chinandega! Esta frase encendió los ánimos en todos los rincones del estadio, hasta a un pequeño grupo de aficionados del equipo sureño, ubicado en el costado del jardín izquierdo, cerca del dugout de sus jugadores.

“Tigrín” se roba el show

En el terreno de juego la mascota de los occidentales, “Tigrín”, se vistió de pelotero. Agarró uno de los bates de su plantel, calentó con un par de swings y luego se dirigió  al cajón de bateo. La gente empezó a ovacionarlo, la mascota simuló un cuadrangular y sus fanáticos no dudaron en celebrar.

“Tigrín” se llenó de ánimos y se aventuró a correr las bases hasta llegar al home plate. Anotó la carrera, alzó sus manos dando gracias a Dios y después bailó al son de la cumbia chinandegana.

Luego del espectáculo de la mascota occidental, los peloteros salieron del club house a calentar por última vez al campo de juego, antes del partido. Otra ovación cobijó a los peloteros ansiosos de enfrenar al conjunto sureño y dar el primer zarpazo en esta vibrante serie, en la que el ganador se medirá al Oriental de Granada.

A las seis en punto se entonaron las notas del Himno Nacional y con la bulla de los fanáticos por presenciar a los Tigres en el campo de guerra para enfrentar a la potente artillería de los Gigantes de Rivas, el juez por fin dijo: ¡play ball!

El partido no pudo tener un mejor inicio que una espectacular atrapada del campocorto dominicano Vladimir Frías, quien capturó un elevado al infield de Omar Obregón,  obligando a los fanáticos chinandeganos a levantarse  de las butacas y a darle la bienvenida como un nuevo Tigre.

La batalla por el segundo boleto a la final empezó en el occidente y los Tigres comprobaron nuevamente que su barra tiene garra, corazón y ritmo en las venas para celebrar. Hoy la serie se traslada a la casa de los Gigantes de Rivas, y habrá que ver si su mascota y sus fanáticos pueden superar a la fogosa fanaticada occidental.

 

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