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A los 9 años, Lionel Messi medía 1.27 metros, y en 1998 a los 11, estaba combatiendo un déficit parcial de la hormona de crecimiento. Cuando se movía con un balón, producía destellos, pero ¿quién se atrevía a mirar el futuro por encima de su serio problema en manos de un endocrinólogo? “Esta es una enfermedad infantil que afecta a uno por cada 20 mil nacimientos”, dijo el médico Diego Schwarzstein. El tratamiento costaba 1,300 dólares al mes, fuera de alcance para las posibilidades de su familia, se ha explicado en centenares de reportajes.

Fue entonces que el Barcelona, con una visión única, entró al rescate. El pequeño futuro león, mejoró, y su proceso evolutivo fue acelerado. Pasó zumbando por las divisiones menores  y en el 2004, extremadamente joven todavía, como se dijo de Pelé, no tuvo tiempo de ser Príncipe y saltó al estrellato. Nació para ser Rey.

Desde el 2007 en las alturas

Ayer, Lionel Messi, obtuvo su quinto Balón de Oro. Desde el 2007, cuando Kaká consiguió la máxima distinción del futbol, Messi ha estado en el podio que reúne a los tres mejores. Se trata de nueve años sin interrupción con cinco coronaciones, algo sin precedentes. Sin duda, un reinado. 

Ganar la Champions, la Liga de España, la Copa del Rey, el Mundial de Clubes y ser sub-campeón en la Copa América, puede conseguirlo otro buen jugador, como Mascherano, pero jugar como Messi, producir su brillantez, fabricar esa magia, ser tan incidente, es sencillamente imposible. Su dimensión en la cancha, está por encima de los títulos conquistados.

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Su ex–compañero y permanente amigo, Xavi Hernández graficó con el pincel de Leonardo, la grandeza de Messi: “¡Qué suerte hemos tenido los azulgranas al tenerlo! Sin él, el Barsa no sería lo que es. Se convirtió en la piedra angular de los éxitos del equipo en los últimos 10 años. Puedes tener un año bueno, o dos, o tres, pero no tantos. Es un perfeccionista. Nunca vi a alguien como él”.

Su única debilidad

No es perfecto. Maneja mejor su pierna derecha un tiempo oculta, pero su golpe de cabeza no es autoritario ni certero, y necesita mayor capacidad de elevación. Un problema con el que coexistió Maradona. Cuenta la leyenda que cuando comenzó el tratamiento de crecimiento, el doctor le dijo: “Puede que llegues a ser más alto que Diego”. En ningún momento, le dijo “más grande” como futbolista, pero lo está logrando, siempre en proyección, mostrando un conjunto de habilidades asombrosa, inagotable.

Dos balones de oro de ventaja sobre Cristiano con dos años menos, tienen un gran significado mientras se prepara para enfrentar el reto de Neymar, próximo temible adversario. “En mis tiempos, casi diez jugadores peleaban el Balón de Oro”, dijo el brasileño Ronaldo, pero no estaban Messi y Cristiano. Meter su nariz entre ellos, algo improbable en aquellos tiempos, es la misión de Neymar en pleno ascenso, adquiriendo madurez. 

Ayer en Zúrich, Lionel Messi, un Rey que no tuvo tiempo de ser Príncipe, conquistó su quinto Balón de Oro, iluminando el planeta futbol y más allá. Mostrando su humildad, expresó que cambaría esos cinco Balones dorados por un título de Copa del Mundo. No es cierto. Casi diez años de grandiosidad no admiten comparación.

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