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Darwin Cubillán salvó 17 juegos y ganó una vez a lo largo de 24 relevos para el Oriental sin permitir carrera en 29 entradas y un tercio. Obviamente fue clave para que los “Tiburones” terminaran punteros, y es un “as” por encima de la manga —es decir, fácilmente visible para los “Gigantes” del Rivas— en los planes del mánager Raúl Marval. Un cerrador de ese calibre, es un pastilla calmante en cualquier situación del juego, con el rancho ardiendo o asegurando un cierre de puertas. Pero, la posibilidad de utilizarlo en los dos primeros juegos de esta Final que favorece a los sureños 2-0, no se ha presentado.

En mi nota previa a la final, titulada ¿Cómo escapar a Cubillán?, decía que la única forma era esa, manteniéndose fuera de la zona roja en los últimos innings, algo que el Rivas ha conseguido en las dos primeras batallas, apoyándose en las faenas monticulares de sus abridores Carlos Teller y Paul Estrada, quitándole al Oriental su más grande ventaja, el látigo de Cubillán.

Martínez frente a Aristil

¿Será capaz Gustavo Martínez, un pitcher de 1.56 en 34 entradas y dos tercios, con balance de 2-1 en seis aperturas y tres relevos, de acercar las opciones del Oriental hasta la presencia de Cubillán? Esa es la gran intriga tejida alrededor del tercer duelo esta noche en Granada, con el veloz tirador Jonathan Aristil, visto solo fugazmente en la temporada, registrando 6.43 en apenas siete entradas, retándolo desde la colina de enfrente.

Precisamente siete entradas fue el trayecto que recorrió Aristil como abridor en el cuarto juego de la Semifinal contra el Chinandega, permitiendo solo una carreras antes de ser sacado por el doblete de Jilton Calderón en el octavo. Esa noche, Aristil sujetó de 3-0 al temible Jonel Pacheco y aseguró con cierre de Berman Espinoza, el boleto del Rivas a la final, que está dominando 2-0, con la pretensión de dejar al Oriental acostado sobre el filo de la cuchilla.

  • 6 de la tarde iniciará el tercer partido de la Serie Final entre Gigantes y Oriental, en Granada.

Hay piezas en el engranaje de Marval, que han dejado de funcionar. El bate ruidoso de Pacheco está silenciado de 6-0, aunque ha empujado una carrera; el guante casi siempre milagroso de Iván Marín, cometió un error que facilitó tres carreras “matadoras”; el bateo oportuno de los “Tiburones” ha permanecido mejor oculto que “El Chapo” la mayor parte del tiempo; la falta de aproximación a Cubillán, abre una grieta ancha y profunda.

Urge un soplo de vida

Para el Oriental, el tercer juego es el punto neurálgico de la serie. Quedar atrás 0-3 es tan dramático y frustrante como perder la vista tratando de salir zigzagueando en un campo minado. Hay que evitar eso, contra vientos y mareas. Estrechar la final 2-1, no solo es un soplo de vida, sino que te revitaliza, aún regresando a Rivas o viajando al infierno. Esa desesperación por vencer, tan imperiosa, te obliga a hacer lo que sea, incluso precipitar a Cubillán si es necesario. Marval deberá demostrar esta noche que tan buen “ajedrecista” es frente a las dificultades.

Comprobar que Ramón Flores continua agitado en el fondo del line-up, ver reaccionar al inutilizado De Caster y funcionar a Mateo, saber que William Vásquez ha salido de los escombros; disponer de un pitcheo abridor capaz de extenderse hasta llegar a la utilidad de Wilton López, son los factores que tienen a Germán Mesa en la butaca de la tranquilidad, pero con el cuido de no subestimar al adversario. Sabe el mánager cubano, que un peligroso acercamiento 2-1 por parte del Oriental, le quitaría el sueño, el apetito, y le alteraría los nervios.

  • 2-0 está la serie a favor de los Gigantes de Rivas, equipo que necesita dos triunfos para ser campeón de la Liga.
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