Alejandro Sánchez S.
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Abandonar los estadios apegados a pronósticos improbables, bajo un juicio imaginario, dejándonos llevar por un marcador expuesto al cambio repentino, es una decisión que muchos toman, lástima para quienes deciden hacerlo, como ayer.

Los Gigantes estaban con la soga al cuello, con seis outs de quedar abajo en la Serie Final ante un equipo al que le asestaron dos puñaladas que parecían lapidarias en el arranque de la eliminatoria y que logró recuperarse para empatar las cosas.

Hubo quienes dejaron el Roque Tadeo Zavala sin darle el beneficio de la duda a los jugadores sureños, la pizarra reflejaba un déficit de 6 anotaciones en contra de los Gigantes y vaya qué sorpresa la que dieron.

A espalda de los que huyeron del coloso haciéndose a la idea de todo estaba perdido, Luis Allen mandó la pelota fuera de la barda, quizá la atrapó alguno de los fanáticos que supuso la debacle de su equipo y luego, con partido nuevo, Darrel Campbell empujó la carrera del triunfo rivense. ¿Quién lo habría imaginado? La pelota no cree en pronósticos y en esta final hay que ser justos con el destino, hasta que caiga el out 27 de cada encuentro nadie puede profetizar.

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