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La frase de Nietzche “nadie es dueño del próximo instante” ha sido actualizada y sostenida lanzamiento tras lanzamiento en esta Serie Final de nuestro pequeño beisbol profesional que milagrosamente favorece al Rivas sobre el Oriental 3-2 con el “as” Paul Estrada, pistola en mano, multiplicando esfuerzos hoy en busca de asegurar el título.

¿Qué es lo que hemos visto? Un toque de bola con el segundo bateador del juego sin out, robos inesperados erizando los pelos de la sensatez, la utilización de reemplazos en las bases sin importar perder a pilares fundamentales en la recta final o en las entradas extras de un partido bravamente disputado, un exceso de tolerancia imperdonable en la colina con tiradores flaqueando, un fildeador que deja de pensar mientras persigue a un hombre atrapado que significa el tercer out, ver bolear intencionalmente con dos outs para llenar las bases y tirarle strikes a un bateador temido, observar cómo mueren tantos entre las bases y se pierden tantas pelotas fáciles, cruzar los dedos esperando que maniobras difíciles de explicar, salgan bien. Así han pasado cinco juegos entre el azar y la confusión, aunque fabricando emociones que nos mantienen con los nervios crispados. Y para el público, eso es lo esencial y hace del precio de la entrada una ganga.El Oriental necesita ganar sÍ o sÍ.

NI CUBILLÁN HA SIDO ALGO CIERTO

La intuición y las corazonadas prevaleciendo por encima de las frustraciones constantes. Eso ha caracterizado una final que ha visto trabarse al agitado artillero Jonel Pacheco, fallar dos veces a alguien tan fiero y efectivo Darwin Cubillán, mostrarse como una nueva versión de Julio Juárez a Fidencio Flores, cometer la mayor cantidad de errores sobre bolas fáciles, ver a los bateadores 1 y 2 del Rivas sin hacer ruido durante los primeros cuatro juegos reducidos a la inutilidad, con su lead-off de 17-0, lamentar cómo la mayoría de relevos producen agudos dolores de cabeza a los managers, golpeando las paredes con sus cabezas, desesperados por no tener en quien confiar.

Y entre tantos contrastes, el Rivas que pierde el sábado un partido que bien pudo ganar de diferentes maneras y se impone el domingo viniendo desde muy atrás, un juego que parecía tener irremediablemente perdido. Es la Serie del azar y de la confusión con los managers al borde del enloquecimiento, desconfiando de su experiencia y de sus conocimientos en el deporte en que nada es cierto, excepto la redondez de la pelota y el número de sus costuras.

En una Serie de pitcheo inseguro y pobre defensa, el accionar del bateo se está robando el show. El repunte de Wuilliam Vásquez, preocupantemente sumergido en la semifinal, pero ahora disparando cuatro jonrones en cinco juegos y haciendo sonar el despertador cada vez que es necesario, con el agregado del bateo oportuno de Juan Carlos Torres, impulsando 5 carreras, una menos que Donell Linares, los convierten en los líderes atacantes de cada equipo. Rivas que no jonroneó en semifinales, ha conectado 8 en cinco juegos por 3 del Oriental; mejor el porcentaje de los Tiburones con .289, por .229 de los sureños, muy afectados por el pitcheo de solo un imparable realizado por Fidencio Flores en el cuarto duelo; sin embargo el pitcheo global del Rivas con 3.42 supera al 4.32 del Oriental.

OJALÁ VEAMOS MEJOR BEISBOL

El problema muscular de Iván Marín consecuencia de su espectacular contorsión y complicado aterrizaje en el cuarto juego, realizando la atrapada de la Serie, y el golpe en la cabeza a José Campusano regresando apresuradamente a primera, mantienen a Raúl Marval aturdido mientras trata de darle forma al line-up de hoy, después de haber visto cómo su embarcación se estrelló el domingo contra la montaña de hielo.

Esta noche en Rivas, el derecho Paul Estrada de los sureños frente al zurdo Rodney Rodríguez del Oriental. Lo más sorprendente sería que uno de ellos caminara toda la ruta, y lo más viable, en caso de juego apretado, volver a ver a Wilton López y Darwin Cubillán en el cierre. ¡Qué bueno sería ver un mejor beisbol, aunque sin apartarse de lo emotivo! Esa es la gran expectativa.

 

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