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No habían sonado el cantar de los gallos al amanecer, y ya había feligreses en las afueras del estadio Roque Tadeo Zavala. No es ciencia ficción ni una utopía, pero poco antes de las 6:00 de la mañana ya era visible una fila de aficionados en busca de asegurarse un boleto para apoyar al Oriental de Granada, en el séptimo y decisivo duelo de la final de la Liga de Beisbol Profesional Nacional (LBPN).FOTOS: MELVIN VARGAS.

Después del triunfo de Rivas en el quinto juego de la serie, celebrado el domingo pasado en el escenario sultaneco y que significó que los sureños tomaran ventaja 3-2, la fanaticada salió de este lugar con las ilusiones rotas y las esperanzas hecha trizas, pero aferrada a una pizca de fe que les permitiera regresar al juego final del campeonato.

Todo se cumplió, Granada dio un golpe de autoridad en territorio enemigo y en esta ciudad colonial la fiesta inició la misma noche del martes. La gente salió a las calles a saludar a sus peloteros; eso apenas era la entrada de lo que anoche fue el plato fuerte. Así como en Rivas costó detectar un alma granadina vestida de rojo en el Yamil Ríos Ugarte, en el coloso de la Gran Sultana fue difícil ver a los rivenses con su traje naranja.

La afición granadina anoche hizo respetar su casa, pintó de rojo todas las butacas del palco central, las graderías norte y sur, y hasta hubo espacio para que algunos aficionados se sentaran encima de los inmensos muros que están detrás de la barda, donde los patrocinadores promueven sus respectivas empresas.

FOTOS: MELVIN VARGAS.Lleno total

Anoche, el lleno que registró este pequeño coloso sobrepasó fácilmente las 7,000 almas. No faltó la gastronomía tradicional que hay en los estadios, el quesillo, el vigorón, las tajaditas de platano verde con vinagre, las gaseosas y la infaltable cervecita que, sin importar la marca, hizo que muchos calentaran sus motores con anticipación.

Sin embargo, a pesar de la ansiedad que hubo desde tempranas horas por un boleto, resultó curioso que desde las 4:00 de la tarde hubiese muchos asientos vacíos. Aunque algunos estaban siendo vigilados y resguardados por una o más personas, a la espera del resto de familiares que quizás estaban todavía cumpliendo labores en sus trabajos.

Por esa razón se armaron algunas discusiones entre los mismos granadinos, aquellos que entraban al estadio y veían un espacio sin ocupación se topaban con la sorpresa de que esas sillas ya estaban “reservadas”, lo que provocó disconformidad.FOTOS: MELVIN VARGAS.

Finalmente las cosas no pasaron a más. La fiesta beisbolera inició a las 6:00 de la tarde con el bullicio incesante de los pitos resonadores, conocidos popularmente como vuvuzelas. Una vez más se ausentó Gigantón, la mascota del Rivas, el mango inmenso de color amarillo, pero no faltó el Tiburón Azul brincando constantemente y mostrándose imponente en su territorio.

 

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