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Fue un final de alarido. Prevaleció Rivas 4-3 entre un oleaje de angustias viendo cómo la posibilidad del empate danzaba como Beyoncé o Shakira en la antesala y el difícil y oportuno Campusano, frente al plato con dos outs. El ponche encumbró al Rivas y apagó el esfuerzo del valiente equipo Oriental, que murió de pie, rechinando los dientes.

Qué impresionante es la vista desde la cumbre de nuestro beisbol, debe haber pensado con su tórax hinchado y su brazo humeante el zurdo Carlos Teller. Apoyándose en su eficaz pitcheo de contención, el Rivas se coronó por segunda vez campeón de nuestro beisbol profesional, imponiéndose 4-3 a un incansablemente batallador Oriental, en una serie final de mayúscula emotividad.

Entre el júbilo, la luz de la luna y una suave brisa parecían bañar imaginariamente a los sureños. Tanto sufrir y tanto padecer había terminado. No más el pitcheo mortificante de Cubillán, olvidemos las fallas defensivas y todas las fragilidades, tener el trofeo, no tenía precio. Un momento sublime por encima de algunos recuerdos surrealistas.

El jonrón abridor de Feliz, la arremetida de tres carreras en el tercero con el doblete de Yurendel, el sostenimiento del abridor Aristil entre la incertidumbre, y sobre todo, el relevo largo y de dominio del zurdo Teller sepultaron al bravo Oriental, que presionó fuerte en el último grito del drama para acercarse 4-3.

FELIZ ESTREMECE A FIDENCIO

Apenas el tercer lanzamiento del abridor Fidencio Flores y Rivas estaba adelante 1-0 por el jonrón de Anderson Feliz encima de la pared del left field. Uno de esos batazos que aún sin embasados golpean el ánimo de una multitud que se acomodaba en las tribunas entre esperanzas encendidas desde la noche anterior. Hit de Jimmy y boleto a Vásquez metieron a Fidencio en seria dificultad, pero ponchando a Mateo y obligando a De Caster a derretirse con un batazo para doble play, congeló el peligro, sin espantar dudas.

Ponchando a Britton y Feliz, el derecho Flores resolvió el segundo inning pese a soportar hits de Allen y Obregón, pero en el tercero, golpeando a Jimmy y Mateo, se colocó la soga en su cuello. Un cohete de Yurandel que se extendió hasta el rincón del jardín derecho levantando polvo, impulsó dos y sacó de la trinchera a Fidencio haciendo entrar a José Villegas. Hit de Britton después de fallar Allen produjo la tercera carrera sureña de ese inning, ampliando la pizarra 4-0.

ARISTIL BAJO PRESIÓN

En la otra acera, Jonathan Aristil estuvo bajo presión en las dos primeras entradas, logrando neutralizar a Torres con dos a bordo en el primer inning y escapando al hit abridor de Yosmani en el segundo, pero en el quinto, precisamente después de colgar un cero autoritario con tres fuera ponchando a Pacheco y Yosmani, es golpeado con tres hits seguidos de Linares, Renato y Moisés Flores, que llenan las bases sin out. Aunque eliminó a Fausto Suárez con un roletazo al short anotando Linares, el mánager Mesa le quitó la bola, llamando a Carlos Teller para pichearle a Campusano.

El batazo de Campusano a la zona media del right, fildeado por ‘Moncho’ de frente y hacia delante, provocó un innecesario y riesgoso tiro al plato, que le permitió a Suárez extenderse a segunda consiguiendo posición anotadora. En esa situación, el ponche a Ofilio con un lanzamiento wild, que con la primera base ocupada hubiera significado el tercer out, produce la segunda carrera y deja a Ofilio circulando con vida para el turno de Jonel Pacheco. Momento cumbre. Después de protestar fuertemente por un lanzamiento pegado, Pacheco se ponchó, pero el Oriental estaba cuesta arriba, en pie de guerra, separado solo dos carreras en el cierre del quinto.

VILLEGAS CUMPLE MISIÓN

No creí que Villegas era el pitcher apropiado para sujetar la agresividad del Rivas, pero el joven tirador se excedió y no hubo forma de hacerle carrera durante cuatro entradas seguidas. El mayor susto, un batazo de De Caster a las profundidades del left-center fildeado brillantemente por Pacheco con los alientos sostenidos. Ese pitcheo de Villegas fue tranquilizante tanto para la multitud como para el mánager Marval, que podía disponer de todos sus brazos en la recta final.

Los hits abridores de Allen y Britton en el inicio del octavo, con el juego entrando a la zona roja, obligan a Marval a llamar urgentemente a su “as” del relevo, Darwin Cubillán, para tratar de resolver la complicación. Y Cubillán, en uno de sus alardes, lo consigue pese sal hit de ‘Moncho’ que llenó las bases sin out, escalofriando las tribunas. Cubillán hizo valer la ley del más fuerte contra el habitualmente indefenso frente al plato, Omar Obregón. El machucón de bount alto fue hacia la derecha de Yosmani Guerra, jugando adentro, y su difícil tiro al plato fue preciso para forzar a Allen. Era la palmada en la espalda que Cubillán necesitaba. Ponchó a Feliz y dominó a Jimmy, dejando a los embasados convertidos en estatuas. Inutilizados.

Teller con su pitcheo mantuvo el 4-2, hasta que aflojó en el noveno sin perder la confianza de Mesa, sobreviviendo al hit impulsador de Montes  que estableció el 4-3, y por supuesto a la presencia amenazante de Campusano con el empate circulando en tercera, tan cerca de la proeza de la resurrección y finalmente tan lejos.

 

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