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Entre los pistoleros del tenis, no parece haber manera de salir con vida frente a Novak Djokovic. “Solo puedes intentar dejar de sangrar”, dijo el suizo Roger Federer después de ser casi borrado de la cancha por el perfeccionista Djokovic en las semifinales de este Abierto de Australia, primer Slam del año. El serbio, número uno del planeta, enfrentará en la final al escocés Andy Murray, un gran jugador, pero constantemente afectado por la inseguridad, motivo por el cual ha sido limitado a solo dos coronaciones en los máximos eventos, el Abierto de Estados Unidos en el 2012 y Wimbledon en el 2013.

AQUEL DUELO INOLVIDABLE

En una impresionante demostración de contención, trazando diagonales como cuchilladas, mostrando unas piernas ágiles y resistentes para cubrir territorio más allá de las fronteras del asombro, Murray escapó a la amenaza del tenis violento que siempre propone Milos Raonic, derrotándolo en cinco vibrantes sets 4-6, 7-5, 6-7, 6-4 y 6-2, con Raonic deshilachado. Ahora Murray, si no se adelanta el nacimiento de su hijo y tiene que tomar un avión contra reloj, deberá enfrentarse a Djokovic, el más temido de todos los rivales imaginables.

En septiembre del 2012, estando yo en Nueva York visitando a mi hija Tamara, pude ver por televisión en día lunes, aquella infernal balacera que Murray con un excedente de agallas y sacando lo necesario de precisión del cofre de sus tesoros, doblegó a Djokovic imponiéndose 7-6 y 7-5 en los dos primeros sets, perdiendo 6-2 y 6-3 los otros dos, y recargándose de energía y lucidez en el quinto set que ganó 6-2 para coronarse. Fueron casi cinco horas de una intensidad sostenida.

¿CÓMO DUDAR DE NOVAK?

El año pasado, en una de las finales del Masters, la realizada en Montreal, Murray superó a Djokovic en tres sets, pero sabe que solo jugando sin errores, es decir próximo a la perfección, se puede pretender frustrar al serbio, que en este 2016 busca la proeza de ganar los cuatro Grand Slams, algo fuera del alcance de Sampras, de Federer, de Nadal, y hasta ahora,  del propio Djokovic.

Por muy iluminado que se haya visto Murray, no hay duda en fijar a Djokovic como favorito. Su juego es sencillamente destructivo y no vemos cómo Murray pueda neutralizarlo, pese a las dificultades por las que atravesó frente a Giles Simon hace unos días. Para nosotros, un duelo en la madrugada, incomodando a los gallos, obligándonos a saltar de la cama antes de las tres de la mañana un día domingo. Pero vale pena, así resulte unilateral porque siempre hay momentos grandiosos.

 

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