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Sin punch, pero con suficiente pitcheo y la necesaria garra, el equipo sureño intentará realmente agigantarse en la final contra quien sea, quizás deseando la revancha contra Panamá. Atrapar el botín de este torneo, aunque pequeño, sería el primer timbre de orgullo extra-local para este Rivas de tanta presencia desde su debut, con el decidido respaldo de los hermanos Marenco, a quienes el beisbol casero tiene mucho que agradecer, incluyendo el acondicionamiento de un estadio.

El gran soporte de Nicaragua en los tres juegos realizados, incluyendo la dolorosa derrota ante Panamá durante un alargue a 10 entradas, ha sido el pitcheo. El único derrumbe monticular fue precisamente en ese décimo episodio, cuando un jonrón de Carlos Quiroz contra José Luis Sáenz abrió puertas para una ofensiva sepulta-esperanzas de tres carreras. Nada que ver con el rally canalero del primer inning en ese mismo juego, aprovechando el error en fildeo de Ramón Flores, que no lo dejó dormir.

UN BULLPEN FUNCIONAL

Con 1.61 en efectividad a lo largo de 28 entradas, máxima extensión en la serie regular, Nicaragua encabezó el pitcheo permitiendo 26 imparables, entre ellos uno de los dos jonrones que se conectaron, más tres dobles y un triple, un daño tolerable. Los tres abridores utilizados por Germán Mesa trabajaron por lo menos cinco entradas. Estrada lo logró con un llamativo enderezamiento después del tormentoso inicio, el zurdo Luque solo permitió una carrera en ese trayecto pese a sentirse alterado al ver circulando a 10 hombres, y Aristill se extendió a seis entradas sin permitir carreras. Agreguen el factor clave, el funcionamiento del bullpen. Ocho brazos utilizados en faenas de relevo solo fueron agrietados por tres carreras en once entradas y un tercio, todas en el mismo episodio.

Entre la pobreza del bateo, apenas .256 puntos en el accionar de los cuatro equipos, lo más grave fue la falta de bateo productivo y la dificultad para hacer progresar corredores en las bases. Contra México, en la angustiosa victoria por 1-0, Nicaragua tuvo que esperar siete entradas para ver a uno de sus hombres en tercera base y ganó el juego con un machucón hacia el pitcher que vino hacia delante. Una victoria sin agigantamiento y mañana necesitará hacerlo para apropiarse del botín, posiblemente si la imaginación no se burla de nosotros, en presencia de unos 10,000 aficionados.

ENCIMA DE EXPECTATIVAS

A diferencia de lo visto en la semifinal y la final de la Liga de Beisbol Profesional Nacional, los Gigantes no han estado erráticos y eso ha ayudado al pitcheo, aunque la frecuencia de doble play ha decrecido a solo dos en tres juegos. Ver a Yurendel De Caster bateando como cuarto, instalado en la cima de los bateadores con .500 puntos, compensa la salida de Rubén Mateo y ha sido alentadora la ofensiva de Renato Morales, con hits en cada uno de los tres partidos. Sigue siendo rara la ubicación de Jimmy como primer bate, con más utilidad como segundo, y el bajón de voltaje de Ramón Flores inutilizado en dos juegos y limitado a dos cohetes en nueve turnos.

Puede decirse que Nicaragua ha estado encima de las expectativas, pese a no conocer el nivel de competencia de la oposición antes de cantarse el play ball. Se suponía que podrían ser equipos bien armados, quizás con un tamaño ligeramente superior al de nuestra liga, lo cual obliga a un reconocimiento por el rendimiento de los sureños, con la intriga de la final, flotando por encima del viejo, cansado y maltratado coloso de concreto.

Las taquillas del Estadio Nacional Denis Martínez estarán abiertas hoy y mañana, desde las 10:00 a.m. El precio de las entradas: 150 córdobas Mezzanine, C$120 Home Plate y C$30 Gradas.

 

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