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Imposible ganar una pelea cuando dejas el corazón olvidado en un rincón, y no tienes tiempo de regresar por él. ¿Cómo estimularte sin lo que Jack London llamaba “alma de boxeador”, para conseguir el crecimiento requerido y proyectarte? Exactamente eso fue lo que ocurrió con nuestro Carlos “Chocorroncito” Buitrago en la dolorosa derrota sufrida por decisión unánime y un poco más de diferencia, frente al tailandés Knockout CP Freshmart. Nada qué discutir sobre el fallo. La decepción, nos aplasta.

No poder ganar, no decepciona si multiplicas esfuerzos, si te fajas masticando carbones encendidos, si tratas de llevar tus facultades más allá de todas las exigencias que te plantee un rival, pero no tener la determinación para forzar una pelea brava, resignarte a la inutilidad, y tratar de esconderte detrás de tu propia sombra, sí lo hace. Mientras apagaba el televisor, me preguntaba aturdido: ¿Qué habrá pasado con este muchacho supuestamente tan hambriento de fama y de fondos, obligado a ofrecer frente a Freshmart, la pelea de su vida?

SIN CONFIANZA ¿A DÓNDE IR?

Después de haber visto el cerrado primer combate que protagonizaron en octubre del 2014, hace muchos amaneceres, se pensó que un “Chocorroncito” mejor preparado y con los conocimientos adquiridos sobre el estilo y las propuestas del tailandés, tenía una gran posibilidad de resolverlo. ¿Cómo sospechar que su atrevimiento solo sería mostrado realmente en un par de asaltos, el primero con un buen manejo de su izquierda y el séptimo, cuando colocó algunas variantes sobre el tapete yendo más directamente al cuerpo?

Hay un axioma en la vida: sin confianza en uno mismo, no se puede entrar a las brasas pretendiendo ir al más allá en busca de una proeza. Aún Héctor consciente de no tener el menor chance de sobrevivir frente a Aquiles, como lo relata Homero, peleó con bravura, mostrando su alma de combatiente. Esa falta de confianza en su accionar y en su valentía, recortaron drásticamente a “Chocorroncito”, hasta llegar a mostrarlo borroso en varios asaltos unilaterales ganados claramente por Freshmart. Ningún grito en su esquina fue escuchado. Quizás no le interesó preocuparse por lo que le estaban diciendo. Cuando te haces el sordo, no hay forma de salir del hoyo, a menos que se produzca un impacto de nocaut, pero el azar no se hizo presente.

AGALLAS Y PENSAMIENTO

Además, ese tipo de definición, hay que buscarla con el corazón en los dientes, a base de garra, no deseando estar en ring side en lugar del centro del ring. Cuando estas allí, tienes que trabajar como un provocador, tomando riesgos. “Chocorroncito” veía al adversario frente a él, lo tenía a su alcance, y por falta de audacia lo dejaba permanecer disparando sus dos manos, entrando constantemente, sin exigirle desgaste físico. Llegó un momento en el que pensé que a los 22 años, su padre Mauricio “Halconcito” Buitrago, quien nunca tuvo temor por los riesgos, hubiera planteado una pelea más agresiva y complicada.

No es solo asunto de agallas. Piensa el second y piensa el púgil. Los dos son los componentes de la aplicación de variantes. Se ponen de acuerdo, como el pítcher y el cátcher. No sé si en algún momento, ustedes se percataron de esa conexión. Yo no. ¿Por qué no se captó la incidencia de la esquina si el peleador estaba tan necesitado de alguna orientación? Claro, “Chocorrón” no es “Chocolate”. Su calificación en improvisación frente a un planteo repetitivo del rival, fue cero. Cuánta razón tenía Descartes “pienso, luego existo”.

Se fue otra vez de las manos una oportunidad dorada a “Chocorroncito”. Se le olvidó todo lo aprendido y peleó atornillado al tabloncillo, y lo que es más grave, con muy pocas ideas, preguntándose ¿qué estoy haciendo aquí en Tailandia?. Al regresar al hotel, quizás le dijeron que había llegado a disputar un título interino. Podría haber respondido sin ironía: “no lo puedo creer”.

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