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Es la 1 de la madrugada en casa de Ruth Rojas, mamá de Carlos Buitrago, ubicada en el barrio Andrés Castro. No se escucha el canto efímero de un gallo, apenas se percibe el sonido de los grillos, mientras 5 perros ladran dándole persecución a un gato que finalmente lograr escapar.

El inicio de este jueves no es el común de otros días. Una hora y 15 minutos después de la 1:00 de la madrugada, el “Chocorroncito”, el menor de los boxeadores Buitrago, disputa el título mundial mínimo (105 libras) de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), contra Knockout CP Freshmart en Tailandia. En el país asiático es de tarde por las 15 horas de diferencia horaria, en Nicaragua la mayoría de gente descansa en sus hogares, muchos para afrontar una jornada laboral.Ruth Rojas, madre de Carlos Buitrago.

En las afueras de la casa de doña Ruth hay una mesa, encima están tres cinturones y un televisor de 42 pulgadas con la transmisión de Canal 4; Enrique Armas y Carlos Alfaro, narradores del combate, dan sus primeros comentarios sobre el enfrentamiento. Al igual que muchos nicaragüenses, esperan que el muchacho de 24 años finalmente realice su sueño tras dos intentos fallidos.

Nerviosismo y expectativa

Unas 33 personas entre familiares, vecinos y amigos, acompañan a doña Ruth en su desvelo. Hay un ambiente de nerviosismo, tensión, expectativa y temor. La familia de Buitrago ha tenido que esperar más de 1 año para volver a revivir las esperanzas de tener a un campeón mundial en la familia. 

En los minutos previos del combate, el tema principal de conversación es Buitrago. Doña Ruth, muy amable atiene a los invitados, regalándoles bebidas y lo complementa con una torta o hot dog hecho en casa. Pasan los minutos, la ansiedad se empieza a ser presente, el reloj ya marcó las 2 de la mañana y todavía el nica no sale a escena.

Pero minutos después, Buitrago está en la pantalla del televisor. Camina sobre la alfombra roja rumbo al ring, los aplausos y gritos de emoción no se hacen esperar. Suenan las notas sagradas del himno nacional, un silencio de unos minutos revienta en un estallido de júbilo finalizada la melodía que representa a Nicaragua.

Optimismo y desilusión

Comienza el primer asalto. Buitrago arranca muy bien, mete su jab de izquierda con insistencia, penetrando con la derecha al rostro del tailandés. El optimismo crece en el ambiente, fue un gran round del nica, pero lo que parecía ser una noche fantástica, empieza a convertirse en tristeza. Freshmart domina desde el segundo hasta el sexto asalto, los rostros de preocupación son evidentes. 

Las ilusiones empiezan a romperse. Luis, uno de los hermanos del “Chocorrón”, levanta oraciones al cielo pidiéndole al creador fuerzas para Carlos, quien ahora depende de un milagro divino que revierta los papeles.

“Dale energía a mi hermanito, señor, solo eso te pido”, exclama. Buitrago parece atado de sus manos, tira pocos golpes, y va en camino a perder su tercera oportunidad titular. En el séptimo round, se enciende una chispa de esperanza, el nica estremece al tailandés con potentes ganchos a la zona hepática.

La congregación de amigos y familiares espera la resurrección del muchacho, fue un gran episodio de “Chocorrón”, parece que la historia del combate tendrá un final feliz. Pero nada cambia, el tailandés sigue dominando, se apodera nuevamente de las acciones desde el octavo hasta el último round. 

No era necesario esperar el veredicto de los jueces, todos sabían que Carlos había perdido. Las lágrimas empiezan a rodar en las mejillas de sus familiares. Su novia, Roxana Flores, no puede evitar que sus ojos se agrieten, más que los golpes recibidos por su amado, le duele el corazón al ver que no pudo cumplir su sueño, ese por el que se esforzó durante semanas en el gimnasio y que por ahora se ha ido.

Ahora no solo llora Roxana, también lo hace Luis y algunas primas de Buitrago. Las lágrimas son el sentimiento compartido de lo que Carlos estaba sintiendo en ese momento tras caer nuevamente. Doña Ruth no vio la pelea, decidió meterse a su cuarto a orar y finalizada las acciones, salió de la casa a agradecerles a los periodistas que llegaron a acompañarles.

Pasada las 4 de la mañana, los familiares se meten a casa. El escenario de la esperada celebración desaparece totalmente, hay llantos de resignación. No hay ruido del televisor, el callejón está vacío, el silencio sepulcral es perceptible hasta que se escuche el primer canto del gallo cuando salga el sol y empiece un nuevo camino por recorrer para Carlos en busca de otra oportunidad más en un futuro no lejano.

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