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Este prójimo estaba saliendo del bachillerato en el Ramírez Goyena en aquel febrero de 1964, y recuerdo esa Serie Interamericana realizada aquí, como si hubiera cerrado sus puertas ayer. La promoción era fácil: Hey amigos levántense de sus butacas salgan de sus casas, asalten las ventanillas de boletos del Estadio y vean en acción a Roberto Clemente, Orlando Cepeda, Deacon Jones, Dagoberto Campaneris, José Pagan, Juan Pizarro y resto de superastros que deben impresionarnos en la Serie Interamericana, agregados a Gil Garrido, Arturito López y los tres grandes pinoleros: Rigo Mena, Duncan Campbell y Willie Hooker.

Era la mañana del 5 y el país, con Managua estremeciéndose de entusiasmo, atrapado por el beisbol. Cuatro equipos, Senadores de San Juan, Malboro de Panamá, Oriental y Cinco Estrellas de Nicaragua, todos ellos, armados hasta los dientes, se fajarían en la electrizante Serie que estaba funcionando como un reemplazo de la Serie del Caribe, cortada en 1960 cuando el beisbol profesional fue descartado en Cuba.

Dos futuros salón de la fama

Clemente y Cepeda, dos futuros inquilinos del Salón de la Fama en Cooperstown,  juntos en el mismo jardín. ¿Se imaginan qué tipo de atracción era eso para nuestra legión de aficionados sedientos de espectacularidad?... Pero, ¿saben quién se robó el show? Rigoberto Mena, el mejor paracorto que Nicaragua había producido antes de la proyección conseguida por Evert Cabrera. Ese estupendo e inagotable locutor cubano, Felo Ramírez, todavía trabajando para los Marlins de Florida, lo consideró un big leaguer en potencia.

Rigo fue quien prevaleció y se alzó con el título de Más Valioso, mientras los Tigres del Cinco Estrellas superaban al trabuco boricua, a la tropa de Clemente y Cepeda, para coronarse.

 

Ahí estaban tres formidables paracortos para fajarse con Rigo guantes en mano: Dagoberto Campaneris de 22 años, quién entró a las Mayores con Kansas meses después de ese evento, Gil Garrido tambien debutante ese año en la Gran Carpa, y José Antonio Pagan, establecido ya con los Gigantes de San Francisco, con experiencia en Serie Mundial. Sin embargo, Rigo, el prodigioso nica, utilizando un radar oculto que le permitía anticipar cada batazo, mostrando su brazo que parecía haberse adelantado a las computadores en lo referente al alarde de precisión para sacar outs, y utilizando su bate como una arma mortífera frente a un pitcheo terriblemente exigente fue quien prevaleció y se alzó con el título de Más Valioso, mientras los Tigres del Cinco Estrellas superaban al trabuco boricua, a la tropa de Clemente y Cepeda, para coronarse.

La tropa del general Calviño 

Con un line up que presentaba a Ossie Álvarez en segunda, el boricua Arturito López en el center, Joe Hicks en el rigth, Leo Posada como primera base, Don Eady en tercera, Duncan Campbell en el left, Rigo en el short y Copa Castillo detrás del plato. Los Tigres tuvieron en los brazos de Willie Hooker, Jiqui Moreno, Evelio Hernández y Silverio, suficiente pitcheo, y dominaron el evento dirigidos por Wilfredo Calviño.

Han pasado 52 años, durante los cuales han nacido, crecido y desarrollado formidables paracortos, y aún con Cabrera enfrente, Rigo se mete en las comparaciones. 

Su imagen, moviéndose hacia el hoyo con elasticidad y maestría para convertir en simple la gran atrapada, su freno suave como si estuviera piloteando un Ferrari, su tiro de exactitud milimétrica, su cañoneo constante estremeciendo el pitcheo enemigo, y su efectividad en todas las facetas del juego, permanece fija en nuestras retinas… Lejos de perder brillo y esplendor, aquellas ejecutorias del gran paracorto siempre estuvieron ofreciendo nuevos y más sutiles destellos.

Es posible que el propio Clemente se haya puesto de pie en la caseta del trabuco boricua, para aplaudirlo emocionado.

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