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No me pregunten sobre quién es favorito entre las Panteras de North Carolina y los Broncos de Denver, los equipos que disputan mañana en San Francisco el Super Bowl número 50. No tengo los conocimientos necesarios para responder a eso y no soy un atrevido. De hacerlo, sería un irrespetuoso con los lectores.

A pesar de la insistencia de amigos, nunca me interese por aprender algo y mucho menos conocer los secretos de este deporte que tanto apasiona a los estadounidenses con extensión a otros rincones del planeta. Esos amigos me llevaron a ver tres juegos del llamado futbol americano, uno en San Francisco, otro en Tampa y el último hace unos ocho años, en Miami. Me parecieron estupendas las porristas.

¿Cómo no interesarse? 

No pude permanecer indiferente a O. J. Simpson, a Joe Montana, y por supuesto a Peyton Manning y Tom Brady. Escuché mucho sobre ellos y leí algo, como lo estoy haciendo ahora con Cameron Newton, el formidable Mariscal de Campo de las Panteras —conozco su función, y también lo que es un touch down, por lo que me han explicado brevemente—, quien en diciembre del 2014, con 24 años, sufrió un aparatoso accidente al volcarse su camioneta fracturándose la espalda. Ningún dolor actualmente ni siquiera cuando mira las fotos del volcón. Es decir, en plena forma para la batalla sin tregua de mañana.

Newton, es además un corredor. Él te puede destruir de diferentes maneras, y de eso están claros los Broncos, que eliminaron a los Patriotas de Tom Brady con la jefatura del veterano de 40 años, Peyton Manning, quien entrando en declive, presenta cifras impresionantes: 71, 940 yardas y 539 pases de touch down. Naturalmente, desde antes que Lady Gaga cante el himno, las miradas serán para Newton, el joven gladiador con la vitalidad y la tenacidad de Máximo, personificado por Rusell Crowe en una de esas películas inolvidables.

No he querido “instruirme” sobre el futbol americano, porque me dicen que te atrapa con una fuerza avasalladora, por su vértigo, derroche físico, y sobre todo, la estrategia que se aplica. Wellington contra Napoleón o Aníbal frente a Escipión. No, no estoy interesado en mas atracciones en mi agitada vida como cronista de deportes. Suficientes con los que conozco y comento, más o menos, para ganarme la vida. No necesito uno más, sobre todo a los 72 años, cuando se busca las pantuflas y la tranquilidad.

Claro que voy a ver el juego de mañana. No voy a permanecer indiferente al enfrentamiento de Newton y Manning. El joven y el viejo León. Simba fortalecido y Mufasa envejecido. Voy a tratar de captar algo después de informarme sobre los enfoques previos para orientarme. Quizás lo disfrute como lo hacen las legiones de seguidores de este deporte. Ya lo hice hace unos seis años y hasta me atreví a escribir unas líneas, advirtiendo que navegaba en el “analfabetismo” de ese juego. 

¿Por qué no volver a hacerlo?

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