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Soy enemigo de una frase que me resulta agobiantemente injusta en el firmamento de los deportes: “Todo tiempo pasado fue mejor”. Sin embargo, en el caso de las Series del Caribe, debo resignarme a darle la razón a los viejos aficionados, porque la época de los “ases” de verdad en estos clásicos, quedó atrás, para siempre.

Por culpa de los grandes salarios y las restricciones actuales: ¿Cómo diablos podemos pretender encontrarnos con Miguel Cabrera, Alberto Pujols, Aroldis Chapman, José Dariel Abreu, Adrián González y tantos otros, en este evento regional antes altamente valorado, que interesaba incluso a peloteros que impactaban en la Gran Carpa? Hoy, la necesidad de estar ahí para abrillantar sus facultades y hacer crecer sus ingresos, ha desaparecido. Con tanto dinero en los bolsillos, ellos están cuidando sus herramientas y dosificando su desgaste.

¡Ah, qué tiempos!

Tendría que haber perdido la sensatez, quien ganando miles de dólares por cada lanzamiento o cada swing, tomé riesgos innecesarios compitiendo en una Serie del Caribe. ¡Ah, qué tiempos aquellos! Claro, fue antes del apogeo de la Agencia Libre, del ESPN y Fox, del fabuloso contrato de Dave Winfield por diez años con los Yanquis.

En un tiempo lejano, cuando Melquiades llegó a Macondo asombrando a José Arcadio Buendía con un espejo y un imán, la Serie del Caribe era el escenario de los grandes batazos de Reggie Jackson, del fildeo impresionante y agresividad deslumbrante de Willie Mays, de los disparos desde el rincón del jardín derecho y ese coraje sin límites de Roberto Clemente, del ímpetu de Willard Brown, las curvas de Camilo Pascual, la habilidad de Rico Carty, el punch destructivo de Orlando Cepeda, la presencia de un artillero tan temido como siempre lo fue Rocky Nelson y el bateo artístico que desplegaban como si fueran alumnos de Dalí, Chiquitín Cabrera y Rod Carew. Algo quedaba en la recta final de los 70 cuando Denis Martínez lanzaba para los Criollos de Caguas. El zurdo Miguel Cuéllar quemaba sus últimos cartuchos, pero Eduardo Figueroa, un ganador de 20 juegos en la Liga Americana, estaba ahí, y podíamos ver en acción a Tony Armas, Bo Díaz, Ron Leflore, Eddie Murray, Cheo Cruz, Jerry Morales, Guillermo Montañez y Félix Mi
llán.

¡Qué clase de infield!

En 1974, el equipo dominicano Tigres de Licey presentó un infield impresionante con Steve Garvey, Tom Paciorek, Ted Martínez y Bill Buckner, agregando a Manny Mota, Steve Yeager y Charlie Hough. Recuerden que Gary Carter, del Caguas, fue el catcher de ese All Star. ¿Qué les parece?

Todavía al entrar los años 80, la presencia de auténticos big leaguers agitaba las tribunas. Dwayne Murphy, David Concepción, Tony Peña, Micke Scioscia, Tonny Bernazard, Pedro Guerrero, Mario Soto, Dickie Thon, formaban parte de atractivas alineaciones. En 1986, Ozzie Guillén, Andrés Galarraga y Tony Armas, estaban en el line-up de los Tiburones de La Guaira; John Kruk con Mexicalí; Juan Samuel, Alfredo Griffin y Tony Peña con Cibao. Poco a poco, la explosión salarial, terminó con el interés de los peloteros de alargar sus esfuerzos al beisbol invernal del Caribe, hasta dejar el evento que llegó a ser llamado “la pequeña Serie Mundial” sin los “ases”. De esa forma, una época de esplendor y grandeza en estos Clásicos, se fue para nunca más volver.

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