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El Real Celta no ha dado por entregada la final de la Copa del Rey, a la que no accede desde hace quince años, y espera que Balaídos sea el jueves un aliado más para una difícil remontada ante el Sevilla, un rival que desde su claro 4-0 de la ida se muestra prudente para la vuelta de esta semifinal.

 El resultado obtenido la pasada semana en el Sánchez Pizjuán no estaba en los planes de los sevillistas más optimistas, pero tras lograrlo en el seno de club siempre se han manifestado cautos ante la posibilidad de volver a una final de la Copa, que disputaron por última vez en 2010 y la ganaron por 2-0 en el Camp Nou al Atlético de Madrid.

Cuatro días después de verse ambos equipos en el estadio Balaídos, pues el pasado domingo jugaron en la Liga (1-1), volverán a verse en el mismo escenario en este carrusel entre hispalenses y vigueses que les ha reunido tres veces en ocho días. El encuentro ligero no debe ser un modelo para lo que se verá el jueves, ya que ambos equipos estarán renovados, tendrán otros objetivos y además el andaluz jugó cerca de setenta minutos en inferioridad numérica por la expulsión del central argentino Federico Fazio en su debut como sevillista, en esta segunda etapa.

Por ello, el entrenador del Sevilla, Unai Emery, medita el once titular para esta cita, en la que podría repetir Fazio, pues el domingo siguiente es baja segura en la Liga ante Las Palmas por sanción.

Otra decisión del preparador guipuzcoano será si reserva a tres jugadores que están apercibidos de sanción y si ven una tarjeta no disputarían la hipotética final. Estos son dos centrales, los franceses Adil Rami y Timothée Kolodziejczak, y el centrocampista también galo Steven N’Zonzi.

Bajas confirmadas

Los que sí serán baja seguras son los dos jugadores que actualmente están lesionados, el centrocampista polaco Grzegorz Krychowiak y el central argentino Nico Pareja, este en su última fase de recuperación después de una dolencia de gravedad sufrida el pasado abril en una rodilla.

El Celta, por su parte, buscará la hazaña de remontar el 4-0 de la ida, aunque se reconoce que el equipo de Unai Emery parte como favorito tanto por la clara renta que trae del Sánchez Pizjuán como por su momento de forma, refrendado el pasado domingo en Balaídos, donde logró sumar un punto a pesar jugar con un futbolista menos.

El conjunto vigués necesita un “milagro” para regresar a una final de Copa quince años después, pero jugadores y afición confían en lograr una gesta que pasa, sobre todo, por no encajar gol y recuperar la fortaleza ofensiva que exhibió a principio de temporada.

Barcelona finalista

El Barcelona jugará la final de la Copa del Rey tras cumplir el trámite que suponía el partido de vuelta en Mestalla ante el Valencia, tras el 7-0 de la ida, que dejó en anecdótico el empate a uno de la noche de ayer.

 El partido arrancó tan desangelado como las gradas de Mestalla. Los dos equipos, plagados de suplentes y jugadores de los filiales, no fueron capaces de imponer ritmo alguno al choque. Tan solo las acciones de Sergi Roberto en la medular del Barcelona permitieron ver algo de creatividad en el juego.

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