•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Aquiles victorioso, con su puño derecho en alto y el gesto fiero, arrastrando el cuerpo de Héctor atado a su carro después de haberlo aniquilado... ¿Lo recuerdan en ‘La Ilíada’, esa magistral obra de Homero que tanto nos apasionó en nuestra época de estudiantes?... Eso pareció Ricardo Mayorga al minuto y ocho segundos del quinto asalto, cuando el referí Rudy Battle, atrapado por la piedad, detuvo la devastadora ofensiva que derritió las habilidades, las esperanzas y las reservas físicas de Andrew Lewis, arrebatándole el título welter. Siguiendo las huellas de Alexis Argüello, Eddy Gazo, Rosendo Álvarez  y Adonis Rivas, la noche del sábado 30 de marzo del 2002, en Reading, Pensilvania, Ricardo Mayorga se convirtió en el quinto pinolero en coronarse campeón mundial.El ‘Matador’ se enfrentó a los mejores de su división.

Como la Medusa, Lewis decía tener múltiples cabezas, seis en total, y Mayorga las fue cortando una a una con ese golpeo furioso y destructivo que nunca decreció. Su ataque final fue escalofriante y mortífero. Por lo menos seis ganchos cortos de Mayorga mezclando intensidades, ascendieron vertiginosamente y estremecieron brutalmente la última cabeza de Lewis, hasta terminar decapitándolo en ese histórico quinto round.

Mayorga siempre fue un lío, tanto entre las cuerdas como fuera de ellas. Un muchacho humilde que salió de la nada para convertirse, sin saber mucho sobre boxeo, en un incontrolable e inagotable fabricante de emociones, que es precisamente lo que busca el público. Para él la vida es una montaña rusa. Llegó a ser un experto en coexistir con constantes descarrilamientos. Tratar de descifrarlo hubiera enloquecido al propio Champollion. Mayorga ha sido siempre el más complicado jeroglífico.

DESTROZANDO PRONÓSTICOS

Antes de ver vencido a Vernon Forrest el 25 de enero del 2003 en Témecula, uno se preguntaba desconcertado: ¿Qué es lo real y qué es lo fantasioso alrededor de este imprevisible Ricardo Mayorga? El loco, el tapudo, nos llevó más allá de la frontera de la incredulidad destrozando los pronósticos y minimizando drásticamente a un púgil tan altamente valorado como Forrest, con una ofensiva agobiante, electrizante y demoledora.

Ahí estaba Mayorga, en ese histórico tercer round,  sometiendo al mandato de sus puños al artista de los encordados, a ese Forrest que contra Mosley dejó al planeta boxeo con la boca abierta con sus impresionantes combinaciones de golpes, el manejo de piernas ágiles que parecían hacerlo moverse sobre mágicos patines y la facilidad para cambiar ángulos.
Forrest discutió y consideró falla arbitral la caída del primer round, pero se quedó sin aliento y con una mirada retorcida, fuera de este mundo, después de recibir la poderosa izquierda en gancho y el remate de derecha por parte de un Mayorga enfurecido. “Me gustaría escuchar lo que están diciendo allá en Nicaragua, todos los que no creían en mí... Me llaman tapudo, pero cumplo, y aquí me tienen, sin un rasguño… Yo fui el verdugo, yo no lo dejé pelear, yo fui el más grande... Por favor, pasénme una cerveza y un cigarro para celebrar”.

NO TIENE LÍMITES, DIJO DON KING

Cuando Mayorga volvió a derrotar a Forrest por decisión en Las Vegas, durante el mes de julio de ese 2003, Don King gritó: “Es grandioso. Puede vencer a cualquiera en las 147 libras y avanzar más allá. Mayorga no tiene límites”. Luego habló de la posibilidad de ir en busca de los otros dos campeones, Margarito y Piccirillo, ese mismo año. El rival fue el incómodo Cory Spinks en diciembre del 2003 en Atlantic City, y en una pelea intensa y confusa, difícil de juzgar, Mayorga perdió sus coronas AMB y CMB, en lo que para muchos fue un fallo equivocado, quedando un sabor amargo.

Perdió contra Tito Trinidad en el 2004 durante el retorno de este a los encordados, derrotó a Michael Piccirillo por el cinturón medio ligero del CMB, perdió con Óscar de la Hoya en seis asaltos, superó a Fernando Vargas, y no pudo con Shane Mosley y Miguel Cotto. Su última pelea en el 2015 fue la revancha con Mosley, que volvió a perder, ahora en seis asaltos. Su llamativo “tour” enfrentando a grandes nombres, lo mantuvo en la azotea de la notoriedad. Debería haber cobrado buenas sumas, pero el manejo de sus finanzas fue siempre un misterio. No consiguió, quizás por falta de asesoría, una administración apropiada.

¿Qué importa lo que pueda decirse en contra de Mayorga si su forma de pelear excitaba, te levantaba de las butacas y te obligaba a discutir por largo rato?... Un boxeador que evitaba el aburrimiento tenía que ser considerado una gran atracción.

¿Qué otro boxeador podría parecernos gracioso con un cigarro y una botella de cerveza en el ring, celebrando una victoria?

Solo Mayorga amigos. El final de Ricardo Mayorga ocurrió en la revancha con Shane Mosley en el 2015. Habían peleado en el 2008, con victoria de Mosley por KO en 12 asaltos, y en el 2011 ofreció un buen combate a Miguel Cotto, perdiendo por KOT en el último round.

Hay peleadores sin miedo, y otros que por ser insensatos, no lo conocen. Son los suicidas, aquellos que van de frente a las bayonetas, sin estar claros de lo que con certeza los espera, como Ricardo Mayorga. Frente a Vernon Forrest y Tito Trinidad, el indiscutiblemente bravo pinolero, expuso su rostro como una muestra de autosuficiencia soportada por su resistencia granítica.

LLEGÓ A PROVOCAR ASOMBRO

Mayorga tiene su lugar ganado a pulso en la historia de nuestro deporte. Fue campeón welter y superwelter. Provocó asombró derrotando dos veces a Vernon Forrest, verdugo de Mosley, y coronándose en las 154 libras superando a Michele Piccirillo; enfrentó a los peleadores más temibles en esos casilleros, dejando –aún sin ganar– constancia de su temeridad y capacidad agresión intentando mover montañas de factores adversos; una derrota discutible frente a Cory Spinks, le impidió ser el boxeador del año en el 2003, después del impresionante doble sometimiento de Forrest; fue portada de las grandes publicaciones y merecedor de enfoques de las grandes plumas estadounidenses. Obviamente, eso agigantó su ego y lo metió en la esfera del descontrol.  

Nunca creí que bebía y tomaba como se esforzaba en hacer creer y que no se preparaba lo necesario. La forma como peleó los rounds doce en la segunda pelea con Forrest necesitado de un cierre convincente y en la apretada derrota con Spinks, certificaban una excelente condición física sin cervezas y sin cigarros. Sin ser un publicista, fue su mejor promotor, hasta que se volvió repetitivo y naturalmente predecible. No supo, por una combinación de falta de asesoría incidente y terquedad propia, desligarse del ingrediente tosco y hasta vulgar, para aplicar convenientes modificaciones a su imagen en busca de ser visto como persona tolerable. Claro, no atravesó en su infancia, adolescencia y juventud, por un proceso educativo, manteniéndose tristemente en el escabroso territorio de lo grotesco.

Siempre fue preferible verlo en el ring que encontrarnos con él en una calle. Daba la impresión de ser un tren descarrilado sembrando pánico en el metro de Nueva York, o de vivir tratando de escalar por una pared que se inclinaba hacia él con amenaza de aplastarlo, sin ser una fotocopia del Hombre Araña. Observando a Mayorga, lo real y lo imaginario se cruzaban sin maquillaje provocando una gran confusión, como si estuviera moviéndose en un espacio giratorio. Ninguno de nosotros lo entendía, pero quien más difícilmente se manejaba, era él, sin percatarse.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus