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El nicaragüense Román “Chocolatito” González sorprendió al mundo y se sorprendió a sí mismo obteniendo en el 2015 un galardón que pocos imaginaban que pudiera alcanzar un pugilista de una escuela poco tradicional y perteneciente a una de las llamadas divisiones menores: el número uno entre los mejores Libra por Libra del planeta. ¿Fue justo? Sí lo fue, pese a las críticas.

En una columna anterior comparé las cualidades de “Chocolatito” y GGG, buscando explicaciones sobre las divisiones que existen entre los fanáticos sobre cuál de los dos merece ser el número uno. Entre las cualidades compartidas por ambos, siempre se ha destacado la obsesiva búsqueda de rivales peligrosos, difíciles de enfrentar y que realmente pongan a prueba su supremacía.

GGG ha tenido problemas para encontrar rivales que quieran enfrentarlo, mientras que con “Chocolatito” ocurre lo contrario. Los buenos rivales desean enfrentarlo o volver a hacerlo, como es el caso de Juan Francisco Estrada. Pero esa ecuación que tanto bien le hace al boxeo competitivo, enfrenta la posibilidad de cambiar de rumbo. Y todo por cuenta de dos aspectos que por estos días ocupan los titulares de la prensa boxística: el rival elegido por “Chocolatito” para su próxima pelea y la falta de novedades sobre la revancha que todos reclaman contra el “Gallo” Estrada.

¿ES DIGNO SU PRÓXIMO RIVAL?

Y ese es el laberinto aludido en el título de esta columna. ¿Qué rumbo le dará a su carrera Román González a partir de su privilegiado lugar entre los mejores Libra por Libra? ¿Optará por seguir probando su calidad contra rivales que realmente la pongan a prueba o caerá en la tendencia de los campeones que no creen en sí mismos y recurren a pesos pactados o rivales a modo para sostener la estadística favorable? De eso se trata: boxeo espectáculo lleno de acción o boxeo especulativo mirando de reojo las buenas estadísticas.

La elección del próximo rival de Román González recayó en el ex olímpico puertorriqueño McWilliams Arroyo (16-2, 14 KO), clasificado en el número 15 en el ranking del CMB en las 112 libras, mientras que en el de la FIB ocupa el número 11, siendo su mejor ubicación en la clasificación de la OMB con el quinto lugar.

Arroyo es un púgil de condiciones respetables en lo técnico y muy disciplinado en el ring, pero con un nivel lejano al de Román González. Tan lejano como los quince lugares que los separan en el ranking. El nicaragüense no debería tener problemas para despacharlo antes de la mitad de la pelea y por la vía del KO. Porque, respetando las reducidas posibilidades del desafiante, hay un abismo de diferencias a favor de González. En velocidad, en contundencia, en volumen de golpeo y hasta en la actitud agresiva que necesita un aspirante a campeón. Nunca se deben descartar las sorpresas, pero es difícil imaginar una razón que nos haga dudar de la victoria contundente del campeón.

Para un mejor libra por libra, que ocupa una de las dos principales peleas en programas de HBO, que a su vez reclama mejores bolsas y ser el que estelarice la batalla estelar, cualquier rival por debajo de los nombrados (Cuadras, Estrada e Inoue) le queda demasiado pequeño. Y con el respeto que merece, Arroyo no llega al nivel de ese grupo de campeones.

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