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Con el ruido de un violento zapateo, volvieron a rascarle la espalda a Wilt Chamberlain, el fenomenal canastero que alguna vez, cuando el célebre faraón Ramses II no se perdía partido por TV en blanco y negro, fue capaz de marcar 100 puntos en un juego y que es dueño de casi todos los récords ofensivos en la NBA, incluyendo el de 42 puntos en uno de los duelos galácticos entre superastros en 1962. El domingo en Toronto, con la pizarra de anotación moviéndose vertiginosamente como esas máquinas en los casinos de Las Vegas, durante un juego que terminó al otro lado de la frontera del asombro 196-173, favoreciendo a los pistoleros del Oeste, el restaurado Paul George, de los Pacers de Indiana, quien estuvo más de un año fuera de combate por fractura en su pierna derecha antes de la temporada 2015-2016, logró 41 puntos colocando en jaque al Rey Chamberlian, como lo había hecho un año antes, con la misma cifra, Russell Westbrook del Thunder de Oklahoma. La posibilidad queda abierta para el próximo año.

LEVINE Y THOMPSON, FABULOSOS

Después que Zach Levine superó a Aaron Gordon en un espectacular concurso de clavadas que podría haber hecho palidecer a los históricos e inolvidables duelos entre Michael Jordan y Dominique Wilkins, y que Klay Thompson dejó atrás a su compañero en los Warriors Stephen Curry en los disparos desde el otro lado del océano, esos que valen tres puntos, el equipo del Oeste, que perdió el primer período 43-40, superó la barrera de los 50 en cada uno de las otras tres fases, para estirarse hasta 196 puntos en el más grande alarde ofensivo de todos los tiempos, mientras los del Este se veían “limitados” a 173, en lo que pareció ser un carnaval sin fin. Antes del domingo, era imposible imaginar 369 puntos en un juego de baloncesto.

Claro, eso fue posible por el descarte de fricciones peligrosas y la liberación de todos los pasillos que conducen hacia los cestos en juegos de este tipo, en los que la preocupación por agigantar el espectáculo es lo que prevalece, sabiendo que el público busca el derribamiento de marcas. Fue así como el accionar desplegado por el todavía chavalo Anthony Davis emocionó a la clientela, así como los desbordes, clavadas y tiros con mira telescópica. La constelación de estrellas hizo de cada período un deleite, sin importar la marcha de las cifras en la pizarra. El pago del boleto es para un show, como el que ofrecían los Trotamundos, aunque respetando las reglas.

EL VIEJO KOBE, LIMITADO

Fue al mismo tiempo la despedida de Kobe Bryant, el excepcional jugador de los Lakers quien marcó una época y disputaba su 18 Juego de Estrellas, 15 de ellos como abridor. El “as” atrapado por el desgaste, con sus músculos gimiendo y sin la vitalidad que lo caracterizó, fue reducido a 10 puntos, pese a sentirse estimulado por un impresionante apoyo del público, agradecido por el largo aporte ofrecido en su carrera, en tanto el fantasmal Westbrook, con 31 puntos y 8 rebotes, agregando 5 asistencias, fue seleccionado el Más Valioso. Ahora, el Oeste, que tiene a los tres equipos más dominantes de la NBA, gana cinco de los últimos seis juegos.

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