•  |
  •  |
  • Edición Impresa

“Seguiremos escuchando cantar a Camilo Zapata, vamos a continuar recitando los admirables y geniales poemas de Rubén, y por supuesto, siempre estaremos viendo pelear al agresivo, incontrolable, espectacular, Alexis Argüello”, escribió don Edgar Tijerino en su libro Los Mariachis callaron, a lo que yo añadiría: “Ah, y también seguiremos leyendo las incomparables crónicas del genial, talentoso e inigualable Edgar Tijerino Mantilla”.

El maestro llega hoy a 72 años de vida, 46 de ellos dedicados al periodismo deportivo. Toda una trayectoria que se resume en el término éxito. Claro, para lograrlo ha tenido que enfrentarse a las adversidades, atravesar laberintos y derribar gigantes. Llegar hasta donde está ahora no ha sido fácil, tuvo que abrirse paso con sacrificio, sacándole el jugo a su talento, para luego burlarse de ese terrible mal al que llamamos mediocridad.

Las posibilidades de que volvamos a ver a otro personaje capaz de marcar un antes y un después en la crónica deportiva nicaragüense, son limitadas, casi nulas. Para ello habría que superar a Tijerino, misión que es tan difícil como lo fue vencer a Argüello o Mohamed Alí, tan complicada como nadar más rápido que Michael Phelps, tan improbable como correr más veloz que ese relámpago jamaiquino llamado Usain Bolt.

Capaz de atravesar con elegancia y estilo propio la delgada línea que separa al periodismo de la literatura, Edgar llegó a la crónica deportiva inyectado de un atrevimiento espectacular, provocando asombro desde sus primeros escritos, marcando el inicio de lo que pronto llegaría a ser una escuela. No tardó mucho en convertirse en el mejor, alcanzando niveles insospechados, estableciéndose en una posición más alta que la cúspide del Monte Everest, dejando un reto inmenso a las nuevas generaciones de cronistas.

¡Cómo olvidarlo!

Tijerino, al igual que grandes figuras del deporte como Michael Jordan, Roberto Durán, Mohamed Alí y Babe Ruth, es irrepetible, sencillamente no tiene fotocopia. Similar a esos increíbles atletas, Tijerino permanecerá en pie por siempre, su carrera ya es una leyenda, de esas que permanecen perennemente en la memoria colectiva de la sociedad. Su legado tanto como ser humano integral y como profesional dedicado será imborrable.

No hay manera de que los nicaragüenses podamos olvidar al señor calvo que triunfó en la televisión, al hombre ronco que sobresalió en la radio o al brillante escritor que tecleaba usando solamente el dedo índice de la mano derecha. Difícilmente olvidaremos el famoso programa Doble Play y la siempre interesante columna Punto y Aparte. En nuestra memoria siempre estarán presentes los inigualables títulos de las crónicas de Tijerino.

Tampoco podremos olvidar al hombre valiente que, sin importar quiénes estuvieran en el poder, criticaba al sistema, usando como puente sus crónicas deportivas. ¡Cómo olvidar al varón íntegro, sincero, justo, humilde, feliz y talentoso que por más de cuatro décadas nos ha impactado con su personalidad! Es casi imposible. ¡Cómo no recordar al hombre que despierta cada mañana dispuesto a ser mejor que el día anterior, pese a ser considerado insuperable desde hace mucho, pero mucho tiempo! Eso será una tarea pendiente. Edgar será recordado por siempre. La razón es sencilla: Tijerino es de esas personas que no nacen todos los días, de esas mismas que a base de talento y sacrificio construyen su historia de éxito, de esas que permanecerán en pie por siempre, tan solo porque son irrepetibles e insuperables. Cada vez que miremos o recordemos a Edgar, aparecerá esa pregunta terca: ¿Cuándo otro como él? Sin embargo, creo que lo mejor es, por ahora, seguir disfrutando de todo lo que Tijerino tenga por ofrecernos, pues su pluma todavía sigue escribiendo, su motivación permanece intacta, su pasión todavía arde intensamente, la fuente de metáforas sigue fluyendo y el famoso dedo índice de la mano derecha aún sigue tecleando. ¡Salud, don Edgar!

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus